Vientos añejos abrigan la juventud

El sábado, yendo hacia un club donde tenía que cubrir un partido, tuve la posibilidad de conversar en gran forma con un rugbier de la década del 80.

Siempre atento a sus discursos, bajo la mirada joven que uno tiene del deporte, incorporé experiencia y logramos llegar a un consenso en lo que sentíamos frente a ciertos temas, como lo son el Rugby Juvenil y el cambio de mentalidad entre los jugadores de antes y los de hoy , sumado a el Torneo de la URBA en todos sus componentes.

¿Por donde empezar? Por el inicio.

Lluvia y frío fueron los condimentos de un mediodía viajero y también los motivos del origen de la conversación.

“En mi época, a los 13, 14 años íbamos a los partidos solos. El equipo estaba conformado por 3 o 4 colegios y los Viernes nos juntábamos en el recreo los que compartíamos la misma escuela para pensar cómo hacíamos para ir a jugar. Lo tomábamos como una aventura, ya que planificar el viaje tenía –a veces- más emoción que el partido de rugby en sí”, me comentaba mientras conducía por la autopista. Trataba de meter algún bocado, ínfimo ante el deleite que ingresaba por mis oídos, reafirmando mi atención como buen receptor.

Se lo veía contento, como un entrenador al ver que su jugador le hizo caso en la toma de decisión ante una jugada. Quien escribe también, el código del éter era ovalado y pese a la diferencia de edad, había respeto y entendimiento mutuo.

Continuó con la conversación, donde diferenció: “Hoy no sé si los chicos de 13 o 14 años puedan viajar solos hasta un club a jugar rugby, con la viandita en el bolso y amaneciendo a las siete u ocho de la mañana con frío, para hacer todo los viajes que hacíamos en nuestra época”. Y es verdad. Los tiempos cambiaron, la juventud de ellos no es la misma que la que pude absorber y las actividades de unos y otros han variado notablemente como consecuencia de los cambios que ha afrontado la sociedad. Mientras me hablaba trataba de imaginarme en su “bandita”, viajando en tren hasta Constitución o de Once hacia alguna ciudad del oeste. La envidia sana se hacía presente.

En lo que concierne a lo deportivo en sí, me comentó las diferencias entre los equipos de la “elite” y los de abajo, ya que había varias categorías como Campeonato, Ascenso, Desarrollo  y Formativo, donde jugaban los equipos de nivel más bajo. Cada club situaba su equipo juvenil según el nivel que tenían.

Los chicos no se dividian entre Grupo I y Grupo II. Esa distinción, que sólo abre la brecha aún más, no estaba presente. Se ubicaban según el nivel, para evitar evidentes desigualdades en el juego, donde los más entrenados peleaban en Campeonato, sea el club que sea, y en Formativo los jugadores que recién se iniciaban en el deporte, aprehendiendo lo más rápido posible las prácticas del rugby.

Hoy en día, contados equipos presentan equipo en Menores de 22 años, mientras que en Juveniles podemos ver un ejército de jugadores pertenecientes a los clubes más poderosos, desparramados en todos los grupos de la Unión de Rugby de Buenos Aires, donde además y como muchos sabemos, según el partido que toque, se pone el mejor equipo sin importar si venían jugando en un Grupo o el otro.

La presión es aún mayor, y los chicos en lugar de utilizar a la “guinda” como un medio para divertirse, la toman como una herramienta para desgastar al rival.

El rugby cambió, es cierto e innegable. El gimnasio se convirtió en el plus para ser titular y ganarse el respeto de los compañeros. También para transformar los cuerpos en máquinas, donde si Marx hubiese jugado al rugby, habría puesto al jugador actual como un claro ejemplo de la cosificación del hombre, transformado en mercancía.

Para finalizar con éste primer capítulo, el sentimiento para con el club. Una de las diferencias más notables entre el jugador de antes y el de ahora según él.

“En mi época el único objetivo que teníamos en nuestra cabeza era jugar en Primera, nada más. Hoy los chicos tienen otras responsabilidades y ya no está tan vigente la idea de debutar en Plantel Superior. Llegan a M19 y dicen basta”.

Quizás aquí fue donde menos coincidencias ví, porque si bien el sentimiento de jugar en el primer equipo está presente, la realidad marca que el contexto socioeconómico es diferente.

Pierre Bourdieu, en una de sus conferencias sobre sociología, hablaba sobre que los jóvenes de clase media alta que fracasaban al ingresar a una Universidad, hacían un curso breve de 2 o 3 años para trabajar junto a su padre en el negocio familiar. Muy equivocado no está, si uno observa la formación académica de los jugadores de rugby en tiempos reales, es decir, en el momento en que está jugando en alta competencia. Seguramente sea el deporte que más enseñe, pero también pueda llegar a ser –por el amateurismo y la velocidad de crecimiento del rugby- el que en la etapa académica ponga entre la espada y la pared al ser humano entre la elección de jugar o estudiar.

Hete aquí y en letras, lo vivido hace poco. En próximos posteos seguiremos con este debate cargado de respeto entre la experiencia y la juventud, dos elementos fundamentales para conocer al rugby verdadero.

JC

En el anonimato el autor busca evitar personalismos, para que el lector se sienta protagonista de la misma y llegue a desmenuzar sus propias conclusiones frente a lo acontecido.

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