La performance deja un profundo disgusto generalizado

Seguramente ese sea el sentimiento que Gonzalo Quesada, su staff y jugadores tengan tras la pobre actuación de Jaguares en Ciudad del Cabo, en una derrota que podía ocurrir, pero no de la manera en que ocurrió. Eso, claramente, no era lo que estaba en los planes.

Por Eugenio Astesiano

¿Cuál puede ser una explicación a lo que pasó?

Uno de los aspectos centrales del partido pasó por el contacto y la agresividad. En eso, la distancia en el marcador se ajusta a derecho. El pack de Jaguares fue superado y por momentos, de manera amplia, por su contraparte y ni que hablar, los backs. Si algunos de los delanteros opusieron una férrea resistencia e intentaron torcerle el rumbo al partido -que había comenzado muy bien para los argentinos- esos fueron Montoya, Vivas, Medrano y Petti. El resto no pudo, no supo o no encontró la forma de frenar a sus rivales.

Entre los backs, Tomás Cubelli fue el único que se hizo carne de lo que pasaba cuando las cosas estaban bien y cuando estaban mal. El resto, fue superado ampliamente.

Volvamos a esos primeros diez minutos esperanzadores, en los que Jaguares estuvo con férreo control de las acciones, sin cometer penales y con dinámica. Eso, más el try de Delguy, consolidó lo que eran expectativas para llevarlas a la realidad.

Y hasta ahí, podemos sumar algunos minutos más en el inicio del segundo tiempo… todo lo demás se jugó donde, cómo y de la forma que quiso Stormers, con Siya Kolisi como estandarte y PS du Toit, Etzebeth y Shickerling como laderos.

En la previa anticipábamos que el pack que dominara al otro en el piso y en el contacto, se llevaba el partido. Así fue. En la primera parte de la pulseada, fue el de Jaguares el que comandó pero, en todo el resto, el local fue superior, más de lo que se deseaba y estaba previsto.

En las formaciones fijas, lo que iba a pasar, pasó una vez más: un line out parejo para ambos y un scrum fuerte para Stormers y muy irregular para Jaguares que, es obvio y redundante mencionarlo, cuando lo jugó como se debe para esta competencia y con el personal adecuado que tiene -rápido por canal 1- funcionó. Cuando se pretendió hacer otra cosa, simplemente no.

Pasado el primer cimbronazo para los locales, en sus primeros embates en veintidós metros de Jaguares y con su primer try en el haber, desde ahí, todo les fue relativamente sencillo. Sin estridencias, sin lujos, sin altisonancia pero de manera muy frontal y agresiva, todas las pelotas que tocaron primero Du Plessis y luego Willemse fueron propiciatorias de generación de peligro. La tarea fue simple: que los dos defensores más endebles de Jaguares (que luego con la salida de Delguy fueron tres) estuvieran muy preocupados en tacklear mucho y sentirse en apuros siempre. Así, Díaz Bonilla, Ezcurra y Cancelliere se las vieron negras para hacer pie en una faceta del juego en la que se sabía de antemano, les cuesta bastante.

Por más que Moroni y Cubelli se desdoblaron, por más que Tuculet estuvo siempre atento pero revolando los ojos porque las amenazas llegaban por todos lados, ese hándicap defensivo ocupó la cabeza de unos y otros. De los que atacaban y de los que defendían.

En contrapartida a Du Plessis y Willemse, que manejaron con relativa calma y justeza las pelotas de baja y media calidad que les proporcionó Jantjies (un 9 flojo para Stormers), al revés, Díaz Bonilla jamás pudo aprovechar las pelotas de calidad media o alta que le dio Cubelli. Al ceder metros e iniciativa ante la presión de una tercera línea implacable y de un tándem 10-12-13 muy poderoso en defensa, el apertura de Jaguares lució dominado, controlado, incómodo, acuciado y fastidioso, sin saber cómo salir del atolladero impuesto por el rival, aún a pesar de contar con -insistimos- pelotas de calidad (tampoco tantas) que los delanteros y el 9 argentinos le pudieron dar. Y atención, que así y todo, con su apertura en un nivel muy discreto, jugando muy atrás, prácticamente parado, con sus backs planos, Jaguares pudo vulnerar la defensa de Stormers en varias ocasiones. Y algo más: la seguridad que da Delguy en ataque, Cancelliere no la puede ofrecer. Su salida prematura repercutió, inevitablemente, en el andamiaje del equipo.

Aún con este panorama, la diferencia del primer tiempo (8 puntos) invitaba a creer, porque había con qué. Esa diferencia, establecida merced a la gran puntería de SP Marais, era escasa y alentadora. Había en el ambiente, para Jaguares, sensación de partido sin dominio, pero bajo control.

Y hubo diez minutos del segundo tiempo -los primeros- en los que pareció que los engranajes que mueven a un equipo se ponían finalmente, en funcionamiento. Ahí se recuperaron la iniciativa y el ímpetu. Sin demasiado esfuerzo se situaron en campo de Stormers y hubo una jugada de try en la que Medrano no logró retener la pelota al apoyar. Lo que pareció que ponía a Jaguares otra vez en carrera, fue el principio del fin. Esa jugada devino en knock on, scrum en contra, de allí un penal, a jugar a campo propio y tras varias situaciones, llegó el try de Kolisi (el MOTM).

Lo que debió haber sido 16 – 13 pasó a ser 23-8 y desde ahí, el derrumbe físico y mental de Jaguares fue aumentando conforme pasaron los minutos. Los últimos treinta fueron la muestra de todo lo que uno no quiere ni desea ver de este equipo. Como era previsible, ni los cambios ni los riesgos tomados fueron propicios. El descontrol fue in crescendo, el sometimiento en el contacto también y Stormers aprovechó eso para sacar un punto bonus merecido.

Durante cincuenta minutos, cada uno de los equipos aportó al juego todo lo malo y todo lo bueno que habían mostrado en fechas anteriores. En los últimos treinta, Stormers mejoró sustancialmente su parte deficitaria a la vez que Jaguares aumentó sus errores y dejó de hacer lo bueno que le habíamos visto. Eso le puso el cierre a un partido que, para Quesada y en términos de nombres, le va a hacer mover sus opciones, sus ideas y sus andamiaje. Probar, ya pudo probar algunas cosas.

Acaso sea momento de probar otras.

 

La victoria fue probar

Hay algo cantado en el rugby de elite del hemisferio sur, llamese Super Rugby o Rugby Championship: una desatención en el tackle o en la marca, un desarreglo defensivo u ofensivo, una pelota perdida o regalada, se transforman las más de las veces, en puntos en contra. Y mucho de lo sucedido en el partido entre Lions y Jaguares en Johannesburgo vino de estas cuestiones, en ambos lados.

Por Eugenio Astesiano

En un duelo de equipos inexpertos, abarrotados de jugadores en sus primeras armas como titulares o con sus primeros minutos de la temporada, fue Lions fue el que sacó ventajas más rápido, se hizo fuerte y dominó. Después, cuando el partido estuvo ya casi sentenciado, fue Jaguares el que se destapó y le hizo pagar al local sus errores y por poco no se lo quita.

Pero eso es problema de Swys de Bruin. Nos atañe lo que le pasó a Jaguares y siempre, desde que Gonzalo Quesada anunció la formación, los que solemos cubrir los entrenamientos de la franquicia argentina pudimos advertir ciertas debilidades estructurales, pero en la balanza, probar jugadores, darles minutos, ver sus rendimientos en el rugby de alto nivel bajo presión, poder tener un parámetro, un baremo de su situación en el campo y de su comportamiento general en la cancha, era -es y sigue siendo- prioritario y esto excede al año mundialista: lo que hizo Quesada debió y pudo hacerse mucho antes. Pero se hizo ahora. Enhorabuena.

El partido tuvo un protagonista mayoritario que se soltó y manejó los hilos a su antojo, algo que suele pasar cuando juega sin presión del contrario: Elton Jantjies hizo, deshizo, construyó, lanzó y pateó como si estuviese en el patio de su casa, donde efectivamente estaba.

El 10 de Lions jugó los primeros 60 minutos del partido libremente, a su antojo, lejos de la presión que recibió en Buenos Aires, donde Jaguares lo atosigó. Nada de eso ocurrió en el ex Ellis Park (siempre lo será) y Jaguares pagó eso con puntos. Nuevamente, con una catarata de penales en contra en los primeros diez minutos, el equipo se puso solo en situación de extrema defensa y si bien salió algo airoso porque todo lo que perdió en el piso lo ganó en las alturas, la vulnerabilidad se hizo muy evidente y Lions la identificó bien: un equipo con Landajo – Díaz Bonilla y Ezcurra como eje 9-10-12 es bastante probable que sea vulnerable defensivamente en ese sector de la cancha. Jaguares entró «seteado» para atacar y en cambio, se tuvo que defender muy fuerte. Fue como entrar con un Fórmula 1 a correr un Rally. Igualmente, no se los puede responsabilizar a ellos tres solamente, fue Jaguares como equipo el que no defendió con la misma firmeza que ante Bulls y Blues.

En Buenos Aires, cuando se enfrentaron en la primera fecha, Díaz Bonilla y Jantjies fueron debidamente refugiados en lugares menos asequibles para sus defensores. Ayer, Jantjies no lo necesitó y en el equipo argentino, los tres mencionados quedaron un tanto expuestos. El principal responsable de abrir la brecha fue Wandisile Simelane, dominador absoluto en el medio de la cancha. Entre el 10 y el 13 de Lions manejaron la profundidad y ejecutaron su táctica a discreción.

Los delanteros locales también dominaron. El scrum y el piso no fueron un monopolio, pero sí, patrimonio de Lions, con un pack sólido y Marx y Schoeman desatados. Sobre el scrum, sobra decir que hay que sacarla rápido. ¿Cuánto? Mucho. Con pelota propia, no hay que desgañitarse para empujar, hay que sacarla y a jugar. En el line, la cosa fue muchísimo más pareja, y hasta a favor de Jaguares.

Cuando parecía que finalmente el equipo empezaba a encontrarse, en un ataque franco, Cancelliere hizo algo que no debió hacer: tiró un pase 50-50 que no lo demandaba la situación. Pelota recuperada de Lions y try en contra.

Así y todo, con un panorama que dentro de la cancha era poco alentador, Jaguares estuvo en partido. Un gran try de Moyano -reemplazó a Boffelli, que se lesionó y fue otra vez fundamental- vía kick de Díaz Bonilla y otro desde un Line y su posterior maul (la gran garantía y sello de este equipo en 2019) con Montoya a la cabeza le dieron dos tries a los argentinos. Había esperanzas.

El inicio del segundo parcial fue -cómo negarlo- muy desalentador y las esperanzas, a decir verdad, parecieron sepultadas. Tres conquistas de Lions en menos de diez minutos y la falta de reacción fueron el presagio de una prueba que no tenía visos de terminar de manera feliz. Como poner un Fórmula 1 en el Dakar.

En los últimos veinte minutos, las ganas, la confianza, el «perdido por perdido» tocaron a la puerta. Lo cierto es que los cambios generaron un impulso positivo. La necesidad de salir a atacar a Lions -que era lo previsto evidentemente, lo que había que hacer-  era lo que mandaba la estrategia (en la previa) porque Lions era y es un equipo vulnerable. Y vinieron entonces los tries de Jaguares. Cuatro. Seis en total. Jaguares, cuando ataca con control de pelota, es peligroso y tiene recursos sobrados para lastimar.

Si la compostura se hubiese adueñado un poco antes, si la calma, el control de la defensa se hubiese solidificado con tackles firmes, si en vez de precipitación hubiese habido precisión en el arranque de ese segundo tiempo, otra hubiese sido la historia. Montoya, Moyano y Moroni (3M) fueron los que levantaron la mano, los que soportaron estoicos la tempestad en la cubierta y lideraron la remontada.

De todas formas, como corolario, queda la tranquilidad de que Quesada se animó a probar. Olvidemos el resultado y pongamos el foco en lo importante y no en lo urgente. Quiso comprobar fehaciente y empíricamente algunas cuestiones y lo hizo. Seguramente sus conclusiones sirvan para ajustar cosas de cara al futuro mediato y eso, sin probar, es imposible saberlo. Ahí fue donde ganó Jaguares. Esa fue su victoria.

Nueve semanas y media

Cansancio global e indiscriminado. Desde lo obvio por parte de los jugadores a las caras de todo el staff. La dureza del partido, el esfuerzo físico y mental de las nueve semanas y media que lleva este proceso, reflejadas el sábado 3 de marzo a las 21hs con la frase «De hoy, hay moretones varios pero estamos bien encaminados» salida de la boca del entrenador Gonzalo Quesada. Así se pone fin de la primera etapa -positiva- de Jaguares en su versión 2019.

Por Eugenio Astesiano

Una derrota y dos victorias, el saldo. En los tres partidos hubo que trabajar viniendo de atrás en el score pero con diferentes situaciones dentro de la cancha. Ante Lions y Bulls, de una forma, con más dominio de terreno, pelota y mental de la situación. Ante Blues, sin la bola, sin más campo hacia atrás que el propio ingoal y sin espacio para equivocaciones.

En definitiva, Blues exigió a Jaguares a defender con un orden, ahínco y vehemencia como ninguno de los dos rivales anteriores y hay que destacar un detalle que no es menor: el conjunto kiwi juega este torneo sin un apertura y un medioscrum a la altura de sus pergaminos. Otere Black y Augustine Pulu, o Ruru – que ingresó después- han podido conducir a esta franquicia con calidad. Si Blues hubiese tenido conducción acorde al resto del plantel que tiene, no sólo el de ayer sino todo su 2019, hubiese sido muy distinto.

Esto tuvo su implicancia ayer también, indudablemente. Un back de Jaguares comentó «si (Pulu) levantaba la cabeza y sumaba, en muchísimas pelotas cerca del ingoal (nuestro), estábamos en inferioridad numérica y quedábamos muy expuestos. Si se la daba a Ma’a Nonu en lugar de ir él o de arrancar para el otro lado, nos abrochaban» y es honestamente cierto. Pulu y Black decidieron que la mejor forma o vía de Blues para doblegar a Jaguares fuese la que todo el resto entendía como errónea. Esta razón simplificó una barbaridad la gestión defensiva argentina, que obligó a que esa pareja de medios vapuleada se mantuviera obcecada en la elección de sus opciones.

Las pruebas, son contundentes. Además de los «moretones varios» de Jaguares por defender con mucha rudeza, en ningún momento del partido Akira Ioane, Rieko Ioane, Patrick Tuipolotu, Ma’a Nonu, Karl Tuinukuafe, Melani Nanai ni Sonny Bill Williams (salvo una vez) pudieron alzarse como ball carriers y romper la barrera defensiva argentina, algo que era factible y atemorizante por partida doble.

Una vez más, emerge acá la figura de Marcos Kremer. Veinticinco tackles implacables, impasables, ininmutables, demoledores… el entrerriano se encargó de voltear las esperanzas kiwis unas tras otras, secundado por Pablo Matera (18), Julián Montoya (17), Guido Petti (16), Tomás Lavanini (14), Santiago Medrano (14) y otros dos que fueron cruciales y que pusieron un «Checkpoint Charlie» en el centro de la cancha: Matías Orlando -excelente como opción de 12 y capitán- y Matías Moroni, que entre ambos sumaron 30 tackles. La defensa -demasiado apretada dentro de sus propios 22 metros- fue exigida al máximo. Ni se dobló, ni se rompió.

Con este panorama de un lado y del otro, es fácil advertir quién tuvo la pelota y quién se tuvo que conminar a que las pocas opciones de administrarla, fueran eficientes.

Jaguares fue un canto a la eficiencia. Como no lo fue ante Lions y le costó el partido, ante Blues «con migajas» -Quesada dixit- el equipo metió tres tries y pudo haber venido uno más.

Si, si… Ramiro Moyano. Ya estábamos llegando ahí.

¿Cuánto hace que genera estragos? ¿Se acuerdan del Seven? ¿De Pampas? ¿Qué sería de este equipo sin su elusividad, velocidad y claridad para identificar debilidades y huecos en las defensas rivales? Un jugador de otro planeta en este sentido y en casi todos.

Dos tries con su firma y sello, más un try de Line y Maul (lo que han entrenado el ataque y defensa de esta situación de juego y con la intensidad que se ha hecho, es casi indecible) fueron el resultado de esas migajas.

El scrum viene en franco ajuste, el line es una garantía de efectividad y la defensa está sólida, Tomás Cubelli y Tito Díaz Bonilla empiezan a tomar confianza, la convicción de todos está firme y hay siempre, buen clima de trabajo. Esto último ha sido basal, determinante, en estas primeras nueve semanas y media.

A partir de hoy con la primera gira, el cansancio acumulado, los lesionados y la rotación planificada, está por comenzar otra película que sin importar el género, esperamos que tenga un final feliz, como todos deseamos.

 

 

Mirar el partido es mirar también más allá

Si el partido ante Lions le dejó información valiosa a Gonzalo Quesada -tal como él mismo señalara en la conferencia de prensa- es bastante probable que la que vamos a compartirles a continuación sea parte de ella.

Por Eugenio Astesiano

Está claro que si Jaguares adoleció de algo fue, sobre todo, de dos cosas: capacidad de generar quiebres y concretarlos y de solucionar todos los inconvenientes y problemas que Lions le generó en el breakdown y en la zona en derredor de los mismos.

Y por cierto, algo más: los turnovers, que resultaron claves en acciones particulares.

Dicho esto, en líneas generales el equipo no jugó mal, sino que lo que se advirtió es una administración de bastante menor calidad a la deseada. El juego prolijo, el dominio ejercido y el desgaste resultante de ello, resultaron inocuos ante una defensa ordenada.

Detalles a señalar que suman a la explicación:

Todas las estadísticas que se extraen del partido, resultan un espejo de lo visto. La comparación de los siete equipos ganadores y de Jaguares tal vez ayuden a corroborar ciertas cosas señaladas oportunamente ayer durante el partido y en la crónica del mismo.

En quiebres, ante Lions, tuvo la mitad. Jaguares, en el debut del 2018, curiosamente, perdió por 8 puntos ante Stormers  (1 v 3 tries, igual que ayer) y tuvo apenas 8 quiebres. El año pasado, en ese partido, el talón de Aquiles fueron las formaciones fijas. Este año lo fueron los rucks, ante un rival que es «el puto amo» en esta situación y sobre quien no se tuvo éxito alguno en eludir la amenaza de Malcom Marx, que era una fija. Tal es así que jugó los ochenta minutos. Ganar sólo el 91.3% es muy bajo.

Los turnovers… 22 es mucho, demasiado. Se puede entender en un primer partido de súper nivel y súper exigencia después de no haber tenido salvo el amistoso ante Uruguay (un partido sui generis), pero este número debería ser al máximo en la temporada. Nada más de 15 resulta adecuado en este nivel.

Y los penales: dos en los minutos iniciales. Catorce en total (¿algunos finitos? Si, definitivamente) pero ahí están en la planilla. Otra vez, demasiados.

Más que a Bulls, rival conocido y que sabemos con qué va a venir a hacer daño (le ganó al Stormers con el peor partido de la última década, posiblemente), lo que hay que mirar es a Crusaders que le ganó con lo justo a Blues, que será el tercer desafío para Jaguares.

Para los de Canterbury: más del doble de Clean Breaks, la mitad de turnovers, el más alto porcentaje de rucks ganados y si, muchos penales.

Pero es Crusaders…

Una semana tienen Quesada, Bordoy y Fernández Miranda para usar toda la información recolectada, en su favor. Para ellos será como afinar una guitarra que no se ha tocado por mucho tiempo. Si bien no sonó mal, puede y tiene que sonar mejor y para eso, habrá que apretar ciertas clavijas y tal vez, cambiar algunas cuerdas.

 

 

Defender así y dominar el breakdown, es dominar el mundo

Defendieron como leones y se llevaron el partido. Todo el oficio puesto en ese sentido para que la visita domine en ese aspecto a Jaguares y gane como ganó. Fue sumamente aplicado y respetuoso de lo que tenían que hacer.

Tackle, trabajo supremo en el breakdown, todas las mañanas y estrategias para o pescar -especialidad de la casa- o hacerle deliberadamente lenta cada pelota a Bertranou. Todo eso, salió perfecto para Lions. Eso, y anotar en cada una de las chances que tuvieron.

Marvin Orie y Herbst fueron los que se plantaron como líderes en el rubro defensivo y los demás delanteros se sumaron a la tarea. Ese gran trabajo le facilitó las cosas a Jantjies y Groom y le complicó bastante a Bertranou y muchísimo a un incómodo Díaz Bonilla, que careció de la determinación para ir él a intentar por algún lado y no sembró las dudas en la defensa de Lions. Fue prolijo y obediente, y eso fue lo que le simplificó el trabajo al rival.

Warren Whiteley, entrevistado por Hablamos de Rugby de manera exclusiva post partido, dejó entrever que todo lo realizado por Lions fue perfectamente estudiado, deliberado y que les salió.

Entremos en la sección ¿Qué hubiese pasado si?
Si Jaguares hubiese anotado los tries que no anotó pero para los que trabajó afanosamente, con un desgaste de energía muy grande, que dio muy pero muy pocos réditos…
Si en lugar de ir a buscar el contacto en las inmediaciones de Marx y Schoeman, buscaban a ellos deliberadamente como hicieron ellos en varias oportunidades con Creevy, para que no pesque…
Si para salir de campo propio -en una puntual del 1T- en lugar de apostar al poderío físico de Lavanini obligándolo a que aislado, fuera a chocar -lo pescaron dos veces por esta situación- se despejaba con el pie y no se exponía la pelota en este lugar…

Seguramente, el resultado hubiese sido otro. Pero no se puede hacer este tipo de especulaciones. Gonzalo Quesada dijo una gran verdad en la conferencia de prensa post partido: «del partido de hoy nos llevamos mucha información«. Él no lo dijo porque no le preguntamos, pero este partido fue una suerte de choque de pre temporada ante un rival poderoso. Fue ese partido que le hubiera gustado tener antes del inicio del certamen, pero que no pudo tener. Toda la información obtenida va a ser valiosa de cara al futuro. Eso es una verdad innegable.

¿Hoy se falló en aspectos puntuales? Si.

¿Mejorables todos? Sin dudas.

Jaguares necesita velocidad en la salida del breakdown para que la inercia generada otorgue los quiebres necesarios. Hoy, eso puntualmente, no fue lo que se esperaba.

Se viene Bulls, que debe ser uno de los equipos más parecidos a Jaguares que hay. Si Quesada aprovecha la información de hoy, en siete días puede dar un paso adelante.

Hacer alarde de ser Super no es para todos

Las primeras líneas de este artículo bien podrían ser también, las últimas. Menos en la paga a los jugadores y por eso la emigración, acaso también en las afluencias de público aunque eso es discutible, en todo lo demás, el Super Rugby hace alarde de Súper. He aquí el porqué.

Por Eugenio Astesiano

Este viernes comenzará una nueva edición del certamen que tiene, reúne y distribuye en diferentes franquicias a los mejores exponentes del rugby del hemisferio sur, sin dudas y en paralelo, del mundo. O casi.

Para muchos de ellos será la última edición, el último show antes de mudarse de hemisferio cuando una cantidad importante de figuras pongan proa a Inglaterra, Francia, Gales e Irlanda.

Por eso, es que hay que sentarse a ver este torneo que va a ser disruptivo en muchos aspectos. En este año eminentemente mundialista, lo que pase acá con y en las franquicias impactará de manera directa en los seleccionados acá representados y, que uno de ellos sea el anfitrión y los otros cuatro, los últimos semifinalistas del Mundial 2015, tiene su atractivo y su morbo también.

Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, Argentina y Japón tienen representantes en este torneo que tiene escasas aristas negativas por donde se lo mire. ¿El horario? Seguramente sea una de ellas. Pero no mucho más.

Hay al igual que en 2018, un total de quince equipos conforman este torneo, divididos en tres conferencias de cinco integrantes cada una: la Conferencia de Nueva Zelanda, por Blues, Chiefs, Hurricanes, Crusaders y Highlanders.

La Australiana tiene a Reds, Watarahs, Brumbies, Rebels y Sunwolves (JPN). La Sudafricana la integran Bulls, Lions, Sharks, Stormers y Jaguares (ARG).

El elenco japonés, Sunwolves, tiene una vinculación muy fuerte con Dunedin y con Highlanders. Jamie Joseph, actual entrenador del seleccionado nipón, lo fue hasta haca casi nada de Sunwolves y previo a eso, de la franquicia de Otago. Tony Brown, actual Head Coach del elenco con base en el Prince Chichibu Memorial de Tokio, no sólo fue jugador de los ‘Landers, sino uno de sus jugadores más emblemáticos. Fumiaki Tanaka, el medioscrum titular de los Brave Blossoms y de los Wolves también lo ha sido de… claro. Highlanders.

La franquicia nipona ha sumado nombres de peso a sus filas. Al ser casi todos o todos extranjeros, lo que es bueno por una lado para Sunwolves, es malo para el seleccionado japonés, en una clara muestra de que las paralelas se tocan y es la propia JRFU la que se ha encargado de hacerlo posible.

Brumbies no tuvo un gran 2018 y la realidad es que ha sido uno más porque nadie en Australia ha tenido un gran año, realmente.

Dan McKellar reemplaza a Stephen Larkham como Head Coach y el cambio tiene desde ya un impulso positivo. El ex apertura de la franquicia y del seleccionado, otrora enorme jugador, no ha conseguido como Coach los éxitos que se preveían podía haber llegado a conseguir en lo que es casi, su casa. La capitanía de Lealiifano es un faro, sin dudas. El jugador es emblema y en mucho de su accionar al mando de la camiseta número diez rondará la producción de los de la capital aussie, conjunto que rebosa de nombres propios y de peso (Slipper, Carter, Sio, Kuridrani, Arnold y David Pocock como rutilantes) pero que necesita amalgama y cohesión en el juego, dos aspectos de los que ha adolecido.

¿Rebels retomará el ímpetu? ¿Volverá a ser Cinderella a las 23:50, cuando aún es la bella princesa? Dave Wessels entiende que tiene con qué y a juzgar por los nombres, no se equivoca: el capitán Dane Haylett Petty, Matt Toomua, Ruru, Uelese, Koroibete, Reece Hodge más la dupla Will Genia – Quade Cooper digamos que invitan a la esperanza. Si todas las pelotas que consigan van a ir hacia afuera, es una pregunta de respuesta un tanto obvia con estos nombres y apellidos. Adam Coleman e Isi Naisarani son los delanteros de renombre para un equipo que requiere atención. En todo sentido.

Waratahs tiene, con la renovación de contrato a Daryl Gibson hasta 2020, un -aparente- tema resuelto allí aún, si los resultados no llegan. Lo de «no llegan» es deliberado porque en 2018 han llegado. Fueron los representantes de la Conferencia en playoffs pese a los malos pasos que dieron al inicio de la temporada donde no hallaban el rumbo rugbístico. Sin decir que finalmente lo encontraron, podemos aseverar que han sido un rival de cuidado porque eso está claro y lo estaba desde antes. Los de Sydney cuentan con un personal de indudable categoría: Israel Folau, Bernard Foley, Kurtley Beale, Rob Simmons, Ned Hanigan y todos, capitaneados por el extraordinario Michael Hooper, que -apenas- tiene 27 años. No parece.

Dentro y fuera de la cancha, Reds ha sido -por los asuntos con Karmichael Hunt (hoy en los Tahs), James Slipper (en Brumbies) y Quade Cooper (en Rebels) una franquicia golpeada, averiada. Con enormes dificultades rugbísticas, el equipo de Brad Thorn es una verdadera incógnita. ¿Con qué pueden salirse los de Brisbane? En principio, un equipo de impronta e índole absolutamente juvenil. Scott Higginbotham es el más veterano, con apenas 32 años. ¿El resto? la enorme mayoría no pasa los 23 años. ¿Talento? Seguramente aparezca. ¿Cómo se gestiona un equipo así? Todas las respuestas están en las manos del ex Segunda línea de los All Blacks.

En Sudáfrica, si bien ha habido una diáspora, también la llegada de viejas glorias y el amanecer de nuevos valores con experiencia en Currie Cup le da a los cuatro sudafricanos y a Jaguares, aires de renovación. También, en los Staffs.

Pote Human será el encargado de conducir los destinos de Bulls. La salida de John Mitchell junto a Eddie Jones a la Inglaterra hoy prematura y nuevamente candidata a campeona del mundo le dejó al Head Coach del equipo en la Currie Cup el camino abierto para hacerse cargo de un plantel que tiene contrataciones de peso. Pesos pesados.

El regreso de Cornal Hendriks a una punta desde el ostracismo impuesto por una afección cardíaca recuperada, la velocidad de Rosco Speckman a la otra más la llegada de sus majestades Duane Vermeulen y Schalk Brits le dan al equipo de Pretoria un ímpetu que, de demostrarlo en el juego y sostenerlo -hay que decirlo, el año pasado tuvo un resurgir- va a dar que hablar. Poderío físico, sobra.

Sharks querrá consolidarse como el equipo de la fuerza. En Durban apelan a mejorar lo realizado en la temporada pasada, pero no va a ser fácil. Un pack temible, potente, grande y su correlato en los backs. Hay juventud, pero predominan la experiencia y las mil batallas de unos delanteros con oficio y que son, sin lugar a dudas, el corazón. Altura y peso sobran también en las inmediaciones del Kings Park.

Habrá que ver qué más tiene para ofrecer el equipo de Robert du Preez en el campo. Lo que parece verse es que va a costarles conseguir dinámica digamos… de los equipos del sur. Scrum, maul, juego cercano al punto del contacto y mucha rispidez y potencia en los backs… eso viene en el ADN.

Stormers es hoy a Sudáfrica lo que Reds a Australia. Una franquicia con problemas de toda índole fuera de la cancha sobre todo desde el final de la temporada pasada, lugar al que se trasladaron todas las frustraciones rugbísticas del 2018 dentro del verde césped. Los de Ciudad del Cabo atraviesan desafíos emocionales y de juego. Conatos de coup d’etat de los jugadores para con Paul Treu, la nueva presidencia de Western Province Rugby Union comprometida a no gastar un sólo Rand de más para no terminar de desfinanciar a una unión con serios inconvenientes económicos… todo ese ruido intenso repercutió y caló hondo. Habrá que ver si Robbie Fleck y Siya Kolisi logran encausar los humores y enfocar las energías hacia el lugar que deben enfocarse. Jugadores de nivel, hay. Historia y tradición, también. ¿Desafíos para todos? De sobra.

Lions está en un equilibrio a priori, precario. Dos subcampeonatos seguidos pusieron a muchos de sus jugadores en el mercado europeo. la sangría fue imparable y así se han ido jugadores fundamentales. Pero si algo ha demostrado Lions con Ackermann primero y con De Bruin después es la capacidad de reinvención y adecuación. La cantidad de promocionados del equipo de Golden Lions (el que juega la Currie Cup) es profusa y tiene futuro. Dos pilares como Sadie y Dylan Smith tiene un enorme futuro en el rugby sudafricano, casi tan grande como su tamaño y tienen una inmejorable oportunidad de demostrarlo. Backs con pedigree de Junior Springboks como Gianni Lombard y Wandisile Simelane también van a hacer su aporte a un equipo que perdió jugadores pero no las mañas y la cadencia para lastimar con el rugby sudafricano menos sudafricano de todos.

Nuevo. Esa es la palabra que puede definir a Jaguares. Staff completo, muchos jugadores, capitán y por lo que se ha podido ver en los entrenamientos, también formato de juego. Todo eso, nuevo.

Para los argentinos es un nuevo desafío físico, mental y de probaturas este año de Super Rugby. Se han sumado jóvenes con presente promisorio, talento indiscutible y futuro inabarcable. Eso, sumado a la experiencia de un plantel que va a tener acaso por primera vez en esta cuarta temporada y tras haber alcanzado los playoffs en 2018, la oportunidad de demostrar y poner en campo algo de la tan mentada rotación (de minutos) sobre la que tanto se ha machacado pero que ha tenido poco suceso en puestos o jugadores claves. Todo indica, apunta y señala que va a ir en esa dirección: rotar, variar. Eso, en la previa, como ideal y casi como expresión de deseo. La realidad es que no parece que vaya a ocurrir al principio. Gonzalo Quesada tiene una temporada larga por delante en la que va a experimentar por primera vez las lides del sur.

Para el final, quedaron las fraquicias kiwis. Lo que ocurre es simple. Aquí, la pelea es por cuál de ellas no clasifica a Cuartos de Final. Mejor dicho, cuál de ellas es la que menos puntos suma. Su competencia es aparte, es como otra liga de nivel superior en un Super Rugby que tiene buen nivel.

Blues cambió Head Coach. Leon MacDonald reemplazó a Tana Umaga (que se quedó en el Staff) y sumó a nada menos que a Ma’a Nonu. A los 36 años, el centro no sólo sigue vigente, sino que se ha puesto como meta regresar a los All Blacks.

Blues… parece increíble que, con una franquicia tan poderosa, con un plantel rico, útil, versátil y con enormes posibilidades en cuanto a nombres, puestos y jerarquía sea tan irregular y con una volatilidad mental tan a flor de piel.

Sonny Bill Williams (más nominal que efectivo), Akira y Rieko Ioane, Dalton Papali’i, Patrick Tuipolotu -capitán-, Otere Black, Jimmy Tupou, Caleb Clarke… ¿Cómo puede ser?

Esa es la pregunta que Leon MacDonald y Auckland quieren responder.

Chiefs va con la heterogeneidad y su mano tendida para quien la quiera tomar. Un equipo el de Colin Cooper que puede encontrar agua en el desierto y da la sensación de que la prescindencia de algunas de sus figuras más determinantes ante la más mínima señal de lesión, cansancio, resfrío o una mala noche de sueño hará que Damian McKenzie, Brodie Retallick, Sam Cane y Anton Lienert Brown no sean de la partida. Por lo demás, la llegada postrera de Stephen Donald -huelgan las presentaciones- al equipo tiene como objeto dotar de experiencia a una plantilla joven y briosa, con las condiciones más que sobradas para hacerle pasar una noche de terror al más pintado. Y entre ellos, los nuevos aprendices de magos, está Etene Nanai Seturo. Sólo 19 años, pero escucharemos y veremos magia de él. Eso esperamos todos.

Hurricanes parece que imitará a Chiefs. La diáspora tiene aquí uno de sus epicentros para después del Mundial. Y con el Mundial, justamente, no está la cosa para arriesgar y poner en cancha por muchos minutos innecesarios a la constelación de All Blacks que nutren sus filas. Ardie Savea, Beauden y Jordie Barrett, el capitán Dane Coles, Milner-Skudder, Laumape, Perenara, Fifita… tal vez ellos vean la acción justa y necesaria ante los rivales justos y necesarios. El resto, que es una verdadera elite, tomará sus respectivos lugares y la nueva promoción hará lo suyo.

John Plumtree tiene que ocuparse, pero honestamente, difícil que necesite preocuparse.

Aaron Mauger y sus Highlanders tal vez sean el equipo más infravalorado de las franquicias kiwis. No van a resaltar, no van a brillar pero van a ser siempre enormemente eficientes. Un equipo de convicciones firmes, podríamos decir.

Elliot y Ash Dixon, Frizell, Squire, Parkinson, Coltman, Luke Whitelock… ellos le dan al pack lo que hace falta. No son fulgurantes, pero qué importa. En Dunedin no van a escatimar esfuerzos ni rudeza para hacerse con uno de los lugares de Cuartos de final. La partida de Lima Sopoaga supuso, como para Jaguares con la de Nicolás Sánchez, el desafío de buscarle un reemplazante que estuviese a la altura. Y si bien no lo hay de esa calidad, Marty Banks y Bryn Gatland (sí, el hijo) pueden cumplir bien la función distributiva.

Un pack que tiene eso que destacamos también en Sharks: poderío y fricción asegurados. Y backs que son una tromba con fortalezas físicas inigualables (Faddes, Buckman, Thompson, Li, Naholo) bien guiados por delante y en el fondo por Sr y Sr Smith. Aaron y Ben.

Atención con un buen comienzo de los Highlanders…

Y finalmente, el campeón.

Crusaders va por una nueva corona. Scott Robertson lo entiende así y no hay que ser erudito para poder determinar que los de Christchurch pueden repetir el cetro una vez más como en 2017 y 2018.

¿Va a haber rotación? Por supuesto, qué duda cabe. Los All Blacks van a ver acción cuando sea menester. Pero lo cierto es que aquí siempre ha habido rotación. Ocurre que la regularidad del equipo es tan abrumadora, los que entran hacen tan bien su rol que ¿alguien se acuerda que Kieran Read jugó poco en 2018? La realidad de los nombres supera a la ficción de su rendimiento dependiendo quien juegue. No hay tal cosa.

Perdió nombres (Tamanivalu, Crockett, Samu) pero promueve otros que llegan en altísimo nivel pero en silencio sin alardear, fiel a la tradición de Canterbury y de Tasman Makos en la Mitre 10, equipos de los cuáles se nutre y que no hace falta decir los éxitos de los mismos en esa competición…

Crusaders tiene muy pocos flancos débiles. Y si los tiene o aparecen, no tardarán en recomponerlos durante una competencia de largo aliento como esta.

Panorama lo menos extenso posible para un torneo extenso, excelso y plagado de novedades. Como señalamos al comienzo: menos en la paga a los jugadores y por eso la emigración, y en las afluencias de público aunque eso sea discutible, en todo lo demás, el Super Rugby hace alarde de Súper. Y le sienta de maravillas.

Primera deserción para Jaguares

Finalmente, Jaguares ya tuvo su primera baja en la plantilla que está entrenando en Newman. Santiago Grondona, el tercera línea que jugara en Los Pumitas en 2018 y que también hiciera su debut en Los Pumas en noviembre pasado, no estará en la nómina por decisión propia y momentáneamente. El jugador formado en Champagnat va a seguir jugando al rugby en su club.

Esta decisión del juvenil tercera línea ¿amplía las chances de Guido Petti de ser contendiente por la camiseta número 7 de la franquicia? Seguramente.

En otro orden de cosas, la posición de Director Nacional de Scrum, cuyo concurso nacional e internacional fuera puesto en marcha por la UAR el año pasado con el objetivo de unificar el trabajo sobre esa formación en todo el país, está «por ahora, en Stand By» según confirmaron fuentes a HdR.

«Con Mario Ledesma, Andrés Bordoy, Julio García (NdlR que fue uno de los postulantes a esa posición) y Ricardo LeFort, el desarrollo del scrum está bien cubierto por el momento», comentaron.

Ph: gentileza Prensa UAR

Guido Petti juega de lo que sea

Guido Petti ya no necesita de un preámbulo ampuloso para ser presentado. Jugador con enorme experiencia en Jaguares y en Los Pumas, lleva casi un lustro al más alto nivel. Y apenas tiene 24 años, casi, recién cumplidos. Encara la charla como encara a los rivales, potente, rápido, directo y conciso.

¿Cómo fue tu experiencia como 7 y qué crees que vos podrías aportar en Jaguares en ese puesto?

Al jugar de 7 tenés más cercanía con la pelota, estás más predispuesto al juego, el scrum te saca menos piernas… aunque reflexionando, siento que en definitva, en esta pequeña experiencia, he hecho labores similares jugando como tercera línea a lo que habitualmente hago o he hecho como segunda. Mi función en el juego la tomo más personal, es más qué hago yo en el partido, sin importar si soy 7 o 4, qué más puedo dar, lo que más puedo aportar. Como tercera línea, no hago «el carril» como habitualmente decimos, con lo cual en términos de desplazamiento en la cancha y función, no varía tanto. De todas maneras, obviamente, como tercera línea la participación es más… como decirlo… visible. Uno está más encima de la pelota, tacklea más, la toca más.

¿Creés que es distinta exigencia que requiere otras aptitudes ser 7 en un test de noviembre -por el juego del rival- a lo que puede ser desempeñarse en el Super Rugby en esa misma posición?

En el Super Rugby se arriesga más y muchas más chances de correr. Eso indefectiblemente obliga a estar más encima de la pelota e implica mayor energía puesta en eso. Lo básico, las destrezas, el tackle, levantarse y reposicionarse, etc es -en todo lo que es rugby de elite- igual. Pero, el Super Rugby le incrementa la velocidad a eso en un porcentaje importante.

¿Te gustaría probarte de 7 en Jaguares? ¿Tendrás la chance?

… (ríe) Yo quiero jugar. De 7, de 4, de 5 , de lo que sea, yo siempre quiero estar adentro.  Ahora en serio: para mí, sería un enorme desafío ser tercera línea en Jaguares y ver cómo rindo.

¿Te da igual medirte contra Ardie Savea que contra Brodie Retallick o Sam Whitelock? Son ejemplos, no es un planteo puntual. Pueden ser sudafricanos o australianos también.

¡Posta! me gustan de igual manera los dos puestos. No soy ese segunda línea que se quedó con el ‘gustito’ de «yo podría haber jugado de tercera»… nada que ver. Disfruto muchísimo de jugar de segunda. Esté donde esté en la posición que sea, en el Super Rugby o en Los Pumas, sé que hay garantizado un duelo espectacular contra el jugador que me toque.

¿Y cuál es el duelo que, desde que existe Jaguares, más te entusiasmó tener?

¿Como segunda línea? Franco Mostert –ex Lions, actualmente en Gloucester (ING)– pero tal vez sea por el pasado reciente. Pero es que han salido o he vivido enfrentamientos geniales contra él, sobre todo en la hilera. Es un jugador que tiene un gran line y como el año pasado fue la formación de la que yo me tuve que hacer responsable, Lions planteaba -y seguramente lo hará- una defensa muy complicada ahí, tienen un line muy rápido… Ese enfrentamiento mental y físico contra Mostert, estuvo bueno. Obviamente ni que hablar con Retallick, Whitelock… es raro que en Super Rugby no haya jugadores excelentes. Son todos buenos.

Fuiste uno de los líderes de pelotas robadas en el line de todo el año pasado. ¿Este año te veremos hacer foco ahí como tu «especialidad» y en la lectura del rival, o vas a cumplir otro rol en la formación?

A mí me gusta saltar y ser partícipe en el line. El año pasado con Mati (Alemanno) lo hicimos bien y la idea es seguir de esa manera y te aseguro que tenemos las mismas ganas de que pase lo que pasó en 2018, donde fuimos efectivos en esa formación y fue uno de los puntos fuertes del año. Tenemos la cabeza metida en eso.

¿Qué significa para vos cumplir la función de ser «Líder de line«? ¿Qué implica y que trae aparejado?

Es una responsabilidad muy grande y muy linda para tener. Creo que toda decisión y ejecución -sea buena o mala- recae en el líder del line porque tuvo toda la semana para preocuparse y ocuparse para que los movimientos sean buenos y que los jugadores se sientan confiados en que van a poder lograr la excelencia en la formación, con lo cual, es una tarea no sólo del partido, sino de toda la semana y todas las semanas. Así como cuando sale mal te querés morir, cuando sale bien es una alegría y una satisfacción inmensa, porque tomaste una buena decisión y porque pudiste transmitir esa confianza al resto de tus compañeros.

¿A quién le importa el ranking?

Después de un año muy provechoso para Los Pumas desde muchos puntos de vista (desde el juego, desde su abastecimiento de jugadores, desde su crecimiento en todo término, en su madurez, en la disciplina -la de los penales y la táctica-, en mejoras sustanciales de las formaciones fijas, la defensa en general, de lo hecho en el breakdown) y en lo que es ya la recta final hacia el Mundial, lo hecho por Daniel Hourcade y su Staff merece un gran reconocimiento.

Ya lo tenía y lo habían demostrado en Jaguares y PampasXV. Tal vez para el «gran público» había pasado ciertamente un poco desapercibido, pero a fuerza de lo demostrado en la cancha con Los Pumas, no hay dudas que se lo ganó.

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Los jugadores, también se lo ganaron. Vale decir que -he aquí un profundo mea culpa- deberíamos ser más pacientes y más reflexivos con sus desempeños, como lo somos con otras cosas u otras áreas del juego.

Pero no hay dudas. Han jugado un gran rugby durante todo el año. Remarcamos la palabra «jugar» porque es lo que se sabía que este equipo podía hacer y ha hecho, de igual a igual, ante todos sus rivales.

No vamos a hablar de los resultados de los partidos, porque no hacemos hincapié en ello.

Ni tampoco vamos a hablar del ránking. ¿Puede en serio importarle al fanático del rugby de a pie dónde están Los Pumas en este momento ubicados? ¿Debe ocuparse o preocuparse por eso? ¿O tiene que estar con la cabeza analizando más lo hecho hasta acá y lo por venir en cuanto a juego, eso que remarcamos positivo en le primer párrafo y que se ha sustanciado en el campo de juego. Me gusta lo de campo de jugo porque eso ha sido para Los Pumas este año cada cancha en la que entraron: un campo de juego. Jugaron. Mucho y muy bien ante los mejores del mundo.

Y sobre eso no hay ranking que importe, porque el buen juego no tiene ranking, tiene reconocimiento, que es mucho más valioso.

Te explicamos cómo será el nuevo #SuperRugby2016

Tal lo afirmado por SANZAR, desde el 2016 este campeonato tendrá cambios:

Habrá 2 grupos: el South African Group (SAG) compuesto por 8 equipos -a saber, 6 franquicias sudafricanas (SHARKS-STORMERS-KINGS-LIONS-CHEETAHS) y dos nuevas franquicias (los PampasXV de Argentina y una más, a confirmar).

En total, el SAG tendrá 8 equipos y el Australasian Group (AG), que tendrá 10 equipos (las 5 franquicias australianas REBELS-FORCE-WARATAHS-BRUMBIES-REDS) y las 5 de Nueva Zelanda (CRUSADERS-CHIEFS-BLUES-HURRICANES Y HIGHLANDERS).

A su vez, cada una de estos Grupos el SAG y el AG) estarán dividido en dos Conferencias cada una: El SAG, en las Conferencias África 1 (en ésta jugarán los PampasXV) y África 2. En tanto que el AG, en las Conferencias de Australia y Nueva Zelanda, respectivamente.


super rugby connferencias

¿Como serán los partidos?

Cada franquicia jugará 15 partidos: 8 de local y 7 de visitante (o viceversa) de este forma (como ejemplo usaremos a los PampasXV):

6 partidos contra los de su misma Conferencia África 1.

4 partidos contra los de la Conferencia África 2.

5 partidos contra equipos del Australasia Group.

2 Byes.

super rugby temporada regular

 

Y después, una vez terminada la temporada regular, los Playoffs quedarán compuestos así:

De cada Conferencia de cada Grupo, clasificarán los primeros de cada una de ellas: SAG1, SAG2, AG1, AG2.

Del South African Group (SAG) habrá 1 wildcard que será para el 3ero de la SAG (en puntos). Mientras que la de Australasia Group, habrá 3 wildcards (para los ubicados del 3ero al 5to en dicho Grupo).

playoff super rugby

Y después, jugarán 1 vs 8; 2 vs 7; 3 vs. 6 y 5 vs. 4. Unos cuartos de final. Y después como siempre, Semifinales y Final.