Eden Park (VII) A bientôt Gonzalo Quesada

No, no es una buena noticia que se vaya Gonzalo Quesada no de Jaguares, sino del rugby argentino. Por otro lado, qué bueno es que haya estado y que haya podido colaborar en la formación de jugadores jóvenes que salieron del sistema y qué bueno que se haya animado a hacer cambios de un partido a otro en el Super Rugby y que los que entraron, generalmente esos chicos con poca o nula experiencia, hayan rendido.

Qué bueno que esa experiencia, la de llegar a la final del Super Rugby, la de ese camino hecho en base a mucho estudio, análisis y convicción interna que irradió y contagió el afuera también, se pueda capitalizar.

Todo eso es muy bueno y es lo que tiene que quedar del paso de Gonzalo Quesada por el rugby profesional argentino. Y se con él o tras él se van jugadores, de eso se trata el rugby profesional.

De todo ello, y de la tragedia griega que muchos creen ver, con que Jaguares va a desaparecer y nadie sabe a ciencia cierta (salvo en Nueva Zelanda, que son los únicos que saben) qué va a pasar … de todo eso, hablamos en el VII de Eden Park Martín Quetglas, Juan Pablo García, Eugenio Astesiano y Federico Espósito, al que le pedimos que le devuelvan internet.

 

 

Ramiro Peman, los ojos detrás de Quesada

Ocho ojos ven más que seis, eso es indudable. Ahora bien, si esos dos ojos adicionales tienen la capacidad, conocimientos, entrenamientos y partidos encima que tienen los de Ramiro Peman, Analista de Juego y de Video de Jaguares, es un plus gigantesco.

Gonzalo Quesada, Andrés Bordoy y Manasa Fernández Miranda lo saben y le han dado esa relevancia. Sus ojos son el primer tamiz. Su mirada es confiable y precisa. Los jugadores también lo saben y trabaja a destajo para que todos tengan su material.

¿Cómo es un día de trabajo suyo? ¿Qué mira cuando mira rugby? ¿Qué observa más? ¿En qué hace foco un analista? ¿Cómo es el trabajo en conjunto con los analistas de Los Pumas, Argentina XV y Los Pumitas?

Todo eso, en esta entrevista.

Ochenta minutos de juego con Gonzalo Quesada

Decinos dónde -salvo acá- vas a poder escuchar a Gonzalo Quesada, Head Coach de Jaguares, hablar sin reparos y sin tapujos durante ochenta minutos, del juego de su equipo, de cómo es el tema de la rotación del equipo, con qué sentido, de los tres medioscrums y sus fortalezas y esfuerzos, de los aperturas y de la importancia del grupo, de la empatía, de la seriedad con la cual se elige el equipo titular de cada partido, de sus rivales sudafricanos, de estrategia, de táctica…

Lo que dura un partido de rugby, ese fue el tiempo que charlamos con él.

Podcast abierto, para todo el mundo, hacé click acá y disfrutá del Super Rugby contado por GONZALO QUESADA.

 

Ni única, ni irrepetible

Hoy, viernes 28 de junio a las 20h., Jaguares va a jugar su primera semifinal de Super Rugby. ¿Es una posibilidad histórica? Si. ¿Es única e irrepetible? Por supuesto que no. Hay muchos más Super Rugby por jugar.

Algunos puntos a tener en cuenta para el partido que tendrá en cancha, 30.000 espectadores.

Para Jaguares, en defensa:

  • Neutralizar a Leali’ifano. Dejarlo sin tiempo. Que sienta la presión, que tenga que decidir lo más atrás posible y no pueda lanzar cómodo. ASí, será más fácil también ocuparse de sus posibles patadas cruzadas a Speight.
  • El tackle a Kuridrani. Sin sus quiebres y sin sus offloads, Brumbies tiene que trabajar más fases, lo que implica mayor desgaste. Y negarle la posibilidad de pesca y de trabajo libre a McCaffrey en el breakdown
  • Impedir el progreso del maul tras el line. Complicar a Carter y Arnold en el salto, gran prueba para Petti y Ortega Desio.
  • Los primeras líneas y segundas líneas de Brumbies, son Wallabies. Sio, Fainga’a y Alaalatoa (Slipper desde afuera) más Carter y Arnold es materia prima de primer nivel. Conocen estas instancias, saben lidiar con ellas y van a buscar con el dominio de las situaciones de contacto, con la limpieza del ruck y con las formaciones fijas, para ser ellos los que impongan el ritmo del partido. Mucho se va a decidir acá.
  • Dura batalla en el centro de la cancha para de la Fuente y Orlando. Ambos son defensores avezados y ya lo han experimentado sus rivales, y en forma. El desafío será hoy, además, potenciarlo. Lo mismo con el duelo aparte entre Speight y Moroni.

Para Jaguares, en ataque:

  • Brumbies es paciente y muy fuerte en su primera línea de defensa. No es fácil vulnerar al equipo de Canberra. Pero hacerlos defender muchas fases puede ser útil en tanto y en cuanto sean fases rápidas. Jaguares tiene un alto porcentaje de tries apoyados luego de la cuarta fase.
  • Para ello, intentar agrupar o involucrar gente pesada en espacios chicos es fundamental, luego moverlos y comprometerlos a que eventualmente tengan que desplazarse mucho, por un lado. Por otro, que sus tres de atrás no sean suficientes y que para eso, tengan que tener un ojo atento a dejar más gente para cubrir posibles kicks a las espaldas de los wings… mucha lectura y trabajo para Cubelli y Díaz Bonilla para administrar la pelota.
  • La lluvia: invitada de honor en el día de hoy.
  • El scrum propio: rápido, afuera. Rápido en serio. No dejar que haya segundo empuje de Brumbies.
  • Tomar todas las chances de puntos posibles. Como suele suceder en estas instancias, puede ser un partido que se decida por poco margen.
  • No ceder a la presión negativa. La responsabilidad la tiene Brumbies, que es el equipo que conoce estas lides. Jaguares hizo todo bien para llegar a esta instancia. La receta debería ser la misma: mantener la calma y no desesperar. La paciencia dio réditos y la confianza también. Lo hecho, hecho está hasta acá y nadie les va a quitar el mérito.

 

El VII de Caballería

Por Eugenio Astesiano

Costó un Perú de Oro 24 kilates. Los jugadores tuvieron que bucear profundo para sacar esa moneda del galeón hundido y tuvieron que hacer mucha fuerza y desgaste para subirla a la superficie a mostrarle a todos que después de estar muy abajo, se puede subir.

En todo sentido y con todos los sentidos, Jaguares hizo del cuarto de final en Vélez un partido de tres actos. La Mise-en-scène fue finalmente perfecta. Separada por partes, mostró las muchas caras o variantes que puede tener.

Para el primer acto, que duró diez minutos desde al arranque del partido, Jaguares hizo casi todas las cosas bien, pero falló en un aspecto importante: anotó sólo una vez de las tres que pudo hacerlo. Y, en lugar de ponerse arriba con una ventaja importante, sólo quedó 5-0. En ese lapso, de cabezas y cuerpos frescos, de iniciativa tomada y pelota y territorio bajo control, Jaguares se quedó corto.

Inmediatamente, el segundo acto que fue extenso, intenso y dramático. Desde ese minuto diez del primer tiempo hasta el minuto diez del segundo, esos cuarenta minutos de juego le pertenecieron a Chiefs por obra y gracia de Brad Weber y Sam Cane. Entre los dos (uno en la conducción y el otro en la contención) revirtieron la tendencia. El partido se salió del eje argentino y pasó a jugarse de acuerdo a las reglas que impuso la visita. Jugar lejos del ingoal propio, administrar sus pelotas rápido y obligar así a Jaguares a atender asuntos relativos a no perderle el ojo a Lienert Brown y a los tres del fondo. Por ello, Jaguares tuvo que salir muy rápido en defensa y eventualmente, cometer penales. Eso los mantuvo por un lado, en su campo y por otro, abajo en el score. Ambas cosas sucedieron y se sucedieron en ese lapso. Weber manejó los hilos del partido, Debreczeni fue muy prolijo y el pack de Colin Cooper, sin ser una maquinaria letal, fue lo suficientemente efectivo para poner en aprietos a una defensa argentina defendió en retroceso y que tardó en reacomodarse. En ese lapso, Jaguares lució partido y desenfocado en ataque, fuera de sincronía.

Dos cuestiones… La primera, la frustración y ofuscación que le entra a Díaz Bonilla cuando algo le sale mal. Y cómo su accionar es totalmente diferente cuando juega más cómodo, suelto y tranquilo. Segunda cuestión: Sam Cane se ocupó de buscar sacar de quicio a Agustín Creevy y lo logró. El ex capitán y caudillo quedó enmarañado en la pelea con el capitán de Chiefs y eso complicó su juego.

Sin embargo, todos los partidos tienen momentos cruciales o significativos que a veces, se descubren al final. La salida de Debreczeni y el ingreso de Marty McKenzie en su lugar y el ingreso de Montoya y Pieretto le dieron aire al que iba abajo en el resultado y complicó al que iba ganando.

Así, se llegó al tercer y último acto. Acá, en este fragmento final del partido, cuando restaban treinta minutos, fue cuando el VII de Caballería asomó detrás de la colina y entonces, el héroe de la tarde noche (uno de los tantos junto con Matera, Petti, Kremer y de la Fuente, pero sin dudas, el más destacado en ese lapso) tomó el protagonismo y todas las luces del escenario apuntaron a él. Matías Moroni apareció en toda su dimensión con dos tackles positivos y luego, un try cerca de los palos. A partir de allí, el partido cambió y ya nada fue lo mismo.

Con esas acciones, el «Moroooooooni, Moroooooni» que bajó desde cada lugar del estadio lo puso en un lugar de privilegio que él mismo construyó. Claro que aún nadie sabía cómo iba a ser el final…

También, el manejo de Díaz Bonilla y Cubelli de los tiempos, la acelerada energizante y revitalizadora del pack cuando avanzó y de la defensa poderosa, intensa, fulminante, de tackles demoledores, cuando tocó. Esa fue la que hizo retroceder a Chiefs hasta hacer que sus esfuerzos fueran inútiles. No iban a pasar, simplemente porque no había por dónde hacerlo.

Y para el final… el héroe. La pesca de Moroni de esa pelota dentro de los 22m de Chiefs (no había necesidad de sufrir así, el pick & go de Jaguares a 15 segundos del final debió ser la última acción, no penal en contra) desató el festejo, cerró el partido y abrió los brazos al cielo del entrenador argentino.

Es bien sabido que el libro de la historia la escriben los que ganan. A esta le queda un capítulo más, seguro, el viernes que viene y tal vez, uno más. Los jugadores le están poniendo la tinta y el papel. Gonzalo Quesada, Andrés Bordoy, Manasa Fernández Miranda y todo el staff de Jaguares, la tapa.

Humildad y trabajo

Por Eugenio Astesiano

A La Gioconda, la pintura renacentista de Leonardo Da Vinci, nunca se le ha terminado de definir si ese gesto en la boca que la hizo y hace aún hoy única e irrepetible es una sonrisa discreta, una señal de preocupación, o si es la gestualidad propia antes de una mueca de alivio.

Los gestos de Gonzalo Quesada tienen sesgos parecidos. Por eso, la sonrisa a pleno del viernes pasado hay que registrarla fotográficamente, porque no abunda. No porque no la tenga, sino porque más bien, es una persona de gestos adustos, casi de Gioconda, que vive y piensa más en el próximo movimiento, la próxima jugada, en cómo cerrar un partido y en cómo planificar el próximo que en vivir el presente y darse el permiso de distenderse y disfrutar después de una campaña inédita e histórica en la corta vida de Jaguares en el Super Rugby.

Pero, oh sorpresa, Gonzalo rompió el protocolo. Su protocolo. Se permitió a sí mismo en la Conferencia de prensa post Sunwolves ese momento de disfrute y de distensión que, después de siete victorias en los últimos ocho partidos y de ellas, cinco seguidas, le dieron el derecho bien ganado de ser el segundo mejor equipo clasificado a playoffs, sólo con Crusaders por arriba.

Jaguares anduvo de menor a mayor y es como debe ser. Los equipos, en los torneos de largo aliento, es importante cómo terminan y no tanto cómo empiezan. A Chiefs, quien será su rival de playoffs, le pasó algo similar. Y como le pasó a Quesada allá por la semana 6, Colin Cooper -Head Coach de la franquicia de Waikato- también estuvo muy cuestionado tras perder con Sunwolves en Hamilton. Si, con Sunwolves. La paciencia de ambos y la confianza en y de los suyos los llevó a ambos a cuartos del final.

Y más allá del resultado del partido del próximo viernes, la temporada de Jaguares va a ser para apreciarla en su justa dimensión un poco más adelante. Los debutantes no fueron sólo los jugadores que por primera vez se calzaron esta camiseta. Los entrenadores también fueron debutantes absolutos en el rugby profesional del hemisferio sur. Tal vez haya pasado desapercibido o no haya sido tan evidente por el perfil bajo que ostentan, pero el aporte diario de Andrés Bordoy y de Juan de la Cruz Fernández Miranda fue clave, vital y también, infravalorado y poco destacado por la prensa especializada. Pero ellos dos, con sus pecheras de water boys, vivieron cada partido al lado del terreno de juego y junto con los ojos de Gonzalo Quesada desde arriba, fueron los que comandaron y lideraron al equipo desde afuera.

Desde adentro, el equipo tuvo doble, triple y hasta cuádruple liderazgo. Y hay que decir -por si quedan dudas- que comando y liderazgo no son la misma cosa. Son complementarios. Los jugadores escucharon la voz de su capitán Jerónimo de la Fuente, pero también vieron su liderazgo hecho a base de constancia, compromiso, trabajo y humildad. Y junto a él, la de Juan Manuel Leguizamón, Agustín Creevy, Pablo Matera, Matías Orlando, Guido Petti, Julián Montoya y Tomás Cubelli. Ellos fueron líderes naturales, que asumieron roles marcados en el plantel. Voces con liderazgo, ascendente y ejemplos para el resto, por y en diferentes circunstancias.

Cada entrenamiento o al menos cada entrenamiento abierto para los medios, dejó sensaciones de grupo comprometido y convencido, unido, solidario, con las cosas claras y listo para hacer lo que mandaba cada momento. Eso fue una constante, tanto como que en la cancha se vio que el equipo hizo lo que entrenó. No hubo desbandes, salidas de libreto o libre albedrío en momentos de zozobra. Lo que no salió, se volvió a entrenar y a reforzar hasta que salió.

Los números son claros. Están en las estadísticas y quien quiera profundizar, las tiene a mano en la web de Sanzaar.

El del viernes es otra historia. No es un partido sencillo ni muchísimo menos. Es, fuera de la regularidad y potencia de Crusaders y de la clase y calidad de Hurricanes, el rival más complejo para enfrentar por el juego que es capaz de desplegar aún sin dominar. Tiene jugadores capaces de generar quiebres y a un conductor -Brad Weber- que si no es el mejor medioscrum de la temporada, le anda muy cerca.

El punto flaco, el talón de aquiles, está en el 10. Marty McKenzie primero y Jack Debreczeni después no lograron estar a la altura de Weber. Sí lo estuvo un jugador que es escasamente nombrado, pero es vital, fundamental en la estructura del equipo y lo será también en los All Blacks: Anton Lienert Brown. El pack tiene potencia, peso, altura, juego y muchos All Blacks. Sam Cane y Brodie Retallick como los obvios, pero están Nathan Harris y Atu Moli, está el canadiense Tyler Ardron -que esta temporada la rompió- y Lachlan Boshier, que hizo lo propio.

De todas formas, cualquier sea el resultado para Jaguares y para Chiefs, el que pierda podrá salir con la cabeza en alto, porque lo que han conseguido hacer esta temporada ya es para tomar nota, atesorar y ayudará en el futuro a otros, como ejemplo: Con humildad y trabajo, también se puede.

 

 

Rock and roll, baby

Por Eugenio Astesiano

Gonzalo Quesada consiguió para Jaguares lo que todos antes soñaron conseguir, pero por diferentes circunstancias, no pudieron. Lo señaló él mismo en la Conferencia de Prensa post partido.

La cara del Head Coach de Jaguares mezcla satisfacción, alegría, cansancio, jet lag y planificación. Y rebosa confianza porque sabe que cada paso que se ha dado ha sido mérito de su staff, de los jugadores y también propio. Todos los pasos han sido firmes. Hizo algo que los entrenadores de hoy día no hacen, que es mantener su palabra. Dijo que iba a rotar en los últimos ocho partidos y que la rotación se iba a mantener sin importar el resultado. Tal es la confianza que rebosan todos que, en un equipo que de los últimos siete partidos ganó seis, lo normal sería «equipo que gana no se toca» y no sólo tocó, sino que además fue puesto en tela de juicio por eso.

Conviene aclarar y traer a la memoria que hubo dedos alzados, quejas apresuradas y obviamente apareció el murmullo nada descuidado, que ponía en duda su capacidad. Acá, en Argentina y también afuera, Jaguares ya estaba condenado. Hasta Midi Olympique señalaba ofertas del Racing 92. La temporada del Super Rugby, allá por la semana 7, cuando el equipo llevaba dos victorias y cuatro derrotas, parecía estar perdida.

Ni Quesada, ni Bordoy ni Manasa Fernández Miranda se dejaron amilanar por las críticas. El equipo siguió entrenando en paz, en calama, sin fisuras y convencido del norte a seguir. Y también para destacar es que es semana a semana, el equipo empezó a arreglar esas molestas falencias puntuales del inicio. Los penales evitables, los errores no forzados, el scrum, el porcentaje de tackles completados, la confianza para cerrar cada encuentro… de a poco, todos los instrumentos empezaron a sonar más afinados, en tempo y con todos los músicos -los nuevos y los que ya estaban- leyendo la partitura (simple, sencilla, sin pomposidad barroca) e interpretándola con claridad.

Desde entonces y aún con la derrota ante Highlanders en Dunedin, el equipo juega a su manera y al que le toca, le toca y no importa ni siquiera dónde le toca hacerlo. La música suena. No es siempre la misma. A veces es Heavy Metal (como ayer ante Sharks). Otras veces es Blues (como ante Bulls en Pretoria), otras veces es Punk (ante Hurricanes en Wellington) o Grunge (en Australia). Y en todas sus versiones suena muy bien.

Dijimos Heavy Metal y ayer Jaguares fue Metallica. El equipo fue claro y concreto. Poderoso, lírico y a la vez, ajustado a lo que pedían de afuera. Un pack abrasivo, tackleador como pocos y dominador en el contacto como nunca antes ante un similar de Sharks que necesitaba ganar con bonus para asegurarse los playoffs. Impresionante lo de los ocho delanteros argentinos que dieron una cátedra de dominio y concentración. Lo de Leguizamón, para poner en un cuadrito.

Cubelli, nuevamente en un nivel excelso, dominador de los acontecimientos y Díaz Bonilla, jugando tan enfrente de la marca que le hizo un nudo a Robert Du Preez, padre e hijo.

Y la tarde de Boffelli. La tarde que necesitaba el fullback para cambiar el gesto adusto que lo acompañó hasta ayer y que transformó en mueca de alegría sin llegar a ser sonrisa. Pero enhorabuena para el talentoso back que coronó una faena sensacional y no sólo por los tries, por las asistencias y por el cambio de posición cuando salió de la Fuente, que pasó a ocupar el lugar de Orlando como 13 y el tucumano, el de 12 y capitán.

No hubo faceta de juego ayer (sólo los envíos a los palos, donde las fallas fueron evidentes) en la que Jaguares haya mostrado errores.

Queda Sunwolves el viernes. Quedan los playoffs como locales (también un viernes, casi seguro). Queda bastante aún y queda poco al mismo tiempo.

Que la banda siga tocando entonces. Y que siga sonando así.

Primer paso dado y ahora, de a uno por vez

Por Eugenio Astesiano

Jaguares clasificó a playoffs dos fechas antes del final de la temporada regular. Punto. Eso debería ser motivo de enorme alegría, y lo es. Además, ya cosechó -faltan jugar ante Sharks y Sunwolves- más puntos que en las ediciones anteriores en la competición y por supuesto, más puntos que el año pasado, que fue cuando más había tenido.

Jaguares -Gonzalo Quesada y su Staff- creyeron en sus jugadores y dispusieron una cantidad poco acostumbrada de modificaciones partido tras partido en esta gira. Y no… no era novedad, porque dijo que lo haría en la última conferencia de prensa en Vélez antes de partir a Oceanía, un mes atrás. Lo que pasa es muchas veces, en lugar de escuchar al entrenador, los que preguntan tienen oído selectivo y así divulgan después…

¿Playoffs concretados? Correcto. ¿Gran gira? Si. ¿Funcionó la estrategia? Por supuesto. ¿Se cerró con un buen partido ante Reds? La respuesta es no.

Así y todo, con dudas y fallas en la conducción, con un equipo que entró en la propuesta enmarañada de Reds y que se complicó solo en la salida de campo rival, que devolvió la pelota con patadas poco certeras, que cayó en la trampa táctica de los de Queensland para complicarle el traslado y manejo a Ezcurra y Díaz Bonilla (se lo vio frustrado consigo mismo cada vez que el destino de la pelota no era el buscado) y, con esa espada de Damocles más la mucha presión del rival, con ese desorden importante, con esa falta de claridad, así y todo, se ganó con bonus. Lo que no tuvo en el juego, Jaguares lo tuvo en la calma y madurez para imponerse en un partido que no las traía todas consigo.

Atención: mucho se lo deben a Santiago Carreras que hizo dos jugadas individuales que fueron las llaves de apertura y cierre del partido. Dos tomas de decisiones y ejecuciones impecables para un jugador que el año pasado, a estas alturas del año, lucía la 15 con Los Pumitas en el Mundial de la categoría, en Francia.

Si algo había claro era que Reds no iba a ser un paseo por la rambla de Brisbane. Iba a ser un hueso duro de roer en el Suncorp porque sus últimos partidos, si bien los perdió, todos fueron por un margen bastante corto en un equipo que es joven, un tanto inexperto, que tiene por ende mucho futuro y que usa sus recursos limitados y los usa bien o de la mejor manera que puede. Siempre complica. Así, genera partidos muy ásperos. Ante Jaguares, Kerevi, Higginbotham, Tupou, Hegarty, Scott- Young y MacDermott, se las arreglaron con creces para complicar a más no poder a Jaguares que tuvo que recurrir a los pesos pesados de manera temprana en el segundo tiempo. Esa fue otra de las grandes decisiones y aciertos tácticos de Quesada.

Cuando ingresaron -temprano- Kremer, Matera, de la Fuente, Vivas, Montoya y Pieretto el equipo tuvo un renacer a pura potencia y esa marcha adicional fue vital para sentar posiciones. Nuevamente, un gran partido de Creevy desde el juego y el liderazgo y de Julián Montoya después. Parecen ser el complemento perfecto uno del otro y está claro que ambos entienden a la perfección sus roles.

Hay mucho en la columna del haber y casi nada en la del debe para Jaguares tras esta gira, que era bastante más complicada que la del año pasado. Ahora Sharks no es el partido a matar o morir. Es un partido más y Quesada tiene que analizar qué conviene: ponerle todo a los de Du Preez y rotar ante Sunwolves, o al revés.

Cuestión de esperar nomás. El primer paso ya se dio. Ahora es de a uno por vez.

Foto crédito: Jaguares/ Stephen Tremain

Se ve y se nota

Por Eugenio Astesiano

Nuevamente, Jaguares venció en Australia una vez más. Y una vez más, a Waratahs. Y una vez más también, con sufrimiento autoinflingido por espacio de quince largos minutos. Sin embargo, el aplomo, la claridad, la lucidez, la táctica aplicada y la estrategia general resultaron exitosas. Mérito del Staff, pero mucho de los jugadores. La experiencia en el Super Rugby empieza a curtirlos.

Las reacciones en Argentina sobre todo y en los países de Sanzaar también, no se han hecho esperar ni bien se confirmó que Jaguares, y tras su victoria, quedaba como líder -y en solitario- de la conferencia sudafricana con sólo tres fechas por delante. A Quesada y compañía le quedan Reds -allá- y después Sharks y Sunwolves, ambos en Vélez.

Típicas reacciones en Argentina pre y post partido, versión uno: «ahora que ganan y ganan, Jaguares son Los Pumas y claro, es un seleccionado, cómo no va a ganar. Las otras franquicias no son seleccionados..
La versión dos le mete una variante: «¡Los minutos de estos jugadores! Juegan un montón de minutos… van a llegar rotos, reventados, cansadísimos (al Mundial)…»
La versión tres es un poco más compleja, porque mezcla desidia, desconocimiento y busca generar confusión al hacer conclusiones tan erróneas como irrelevantes que los que las leen, subidos al pony de la ignorancia como los que las escriben, avalan y repiten: «Quesada mete un montón de cambios de un partido a otro, ¿tantos cambios? Es un signo de debilidad… el equipo se resiente en su estructura…»

Esto habla de todos.

Este 2019 es año de Mundial y basta revisar lo que ha pasado en años mundialistas, cuando el desarrollo del torneo es diferente al de otros años. Por eso, ojo con Reds y Sharks. La subestimación de estos partidos es un peligro latente. Contra Reds, Samu Kerevi es su carta de presentación, es el jugador en que basan su ataque y carta ganadora. Pero sobre todo, ojo contra Sharks, que es contra quien hay que concretar un triunfo que tiene que ser inapelable. La diferencia de puntos hoy entre el último de la Sudafricana -Stormers- y Jaguares es, con quince puntos en juego, de tan sólo 6. Con la paridad que hay, es la nada misma. Y con las ventajas que supone salir primero en la Conferencia, de más está decir lo que significa jugar contra un rival directo.

Cada partido de esta gira por Oceanía parece haber dejado enseñanzas aprendidas del partido inmediato anterior. Y todos fueron plataformas superadoras del que los precedió. Este de Waratahs dejó algo más: la paciencia en momentos álgidos en ataque y en defensa y los pocos penales por offside, que son ciertamente los más evitables de todos. Y un sólo penal en el primer tiempo, una vez más. El scrum no pasó sobresaltos, salió rápido por canal uno y a jugar afuera que es donde está la fortaleza de este equipo que sigue demostrando que también, jugar de pelota recuperada o contraatacar en transición defensa-ataque, es sumamente peligroso.

Por supuesto, contar con Tomás Cubelli y Ramiro Moyano en estado de gracia, también es un plus que hay que agradecerles. Pero atención, non ha habido jugador que no haya crecido en su rendimiento y en eso también, hay méritos de lo que le dan la confianza. Mea culpa en estas líneas para con Tito Díaz Bonilla. Le han dado esa confianza y ha respondido acorde y mucho más.

El debutante Lucio Sordoni no sólo cumplió en el rato que le tocó jugar, sino que además pescó la pelota de un partido que terminó con Waratahs a la búsqueda de dar vuelta la historia, que no había hecho demasiado por ello porque se tuvo que defender mucho -y lo hizo realmente bien- pero cuando encontró sus escasas oportunidades, fue a por ellas y obtuvo resultados. Eso y una nueva amarilla tienen que poner en alerta al equipo. Reds, el próximo rival, si bien cayó ante Chiefs, lo tuvo a maltraer en Hamilton y no se lo ganó de casualidad.

Jaguares tiene que ocuparse y no preocuparse. Tampoco, desenfocarse. Que se haya dado la lista preliminar para el Mundial y que inexplicablemente Gonzalo Quesada no vaya a ser de la partida en el Staff de Los Pumas, dejó atónitos y boquiabiertos a muchos. Pero como el entrenador tiene el apoyo de los jugadores y están todos encolumnados y convencidos de qué hay que hacer, eso es lo fundamental. Se ve. Y se nota.

 

Credito Ph. Jaguares

Ni casualidad, ni milagro, ni nada

Por Eugenio Astesiano

Viernes 11pm. Se hizo de noche de un día que empezó de noche como el partido y que de golpe, por obra y gracia de la paciencia, el orden y la convicción, se transformó en día. En uno brillante e inolvidable. En uno que marcará un hito y elevará la vara. Pero también en uno que no debe confundir ni a propios ni a extraños.

No fue casualidad ni milagro ni nada. Fue lo que fue. La victoria de Jaguares se dio en el contexto en el que el cómo y el cuándo se mezclaron en un blend perfecto.

La victoria de Jaguares se cimentó en la convicción llana y profunda de un equipo que sabe que no es menos que ninguno y que no es más que nadie. De un equipo riguroso en el contacto que cuando toma la iniciativa, consigue un quiebre y se mete en la defensa, es peligroso y, por eso, se anima a tomar riesgos que lo llevan a caminar por un filo que puede salir bien o mal, pero se anima.

No hay que dudar en decirlo: Jaguares le ganó a Hurricanes con autoridad. Jaguares le ganó a Hurricanes con aplomo, con sentido de la oportunidad, con presencia física y sin titubeos. Puso el lomo cuando había que ponerlo y supo usarlo cuando hubo que usarlo. El mismo lomo que levanta bolsas en el puerto es el que después se empilcha y sale a conquistar a la más linda. El mismo.

Pero atención, que nada es gratis. Hoy salió bien pero no siempre va a ser así. Hubo errores subsanados desde Dunedin, pero hubo otros.  ¿Si hubo errores? Si, varios. Lo que pasa es que pasaron de largo cuando la euforia de afuera se hizo carne, pero se logran ver cuando vuelven la calma y la mesura.

¿Penales? Muchos. Demasiados. Trece penales es casi el doble de los que hizo Hurricanes. ¿Tackles errados? Más del veinte por ciento. ¿Posesión? Cuarenta y tres por ciento. ¿Defensores vencidos? Dieciocho contra treinta y siete del local. ¿Quiebres? siete contra dieciséis.

Pero acá está uno de los factores claves: Jaguares hizo mucho -muchísimo- con lo justo y necesario. Fue eficiente como pocas veces. Ese es uno de los secretos de este equipo hoy. Con un liderazgo notorio de Gonzalo Quesada en la impronta, y de Jero de la Fuente adentro con la ayuda de los líderes, la calma y la intensidad justas bien balanceadas, entre todos han sabido interpretar la partitura, y suena bien.

En la lucha de los delanteros, hubo paridad. Se dieron de lo lindo y la defensa fue dura de ambos lados. Más de Jaguares, porque se tuvo que defender con fervor y a toda labor. La tarea de Creevy, Leguizamón, Lavanini, Petti, Matera y Ortega Desio fue de hierro en la contención de Aumua, Fifita, Savea, Kirifi y Toomaga Allen. Pero la gran diferencia, estuvo en los backs y es ahí donde la figura de Tomás Cubelli, Tito Díaz Bonilla, Jerónimo de la Fuente, Matías Moroni y Sebastián Cancelliere cobró relevancia y se hizo notar. En ataque ya se saben sus bondades, pero fue en defensa donde se hizo muy fuerte la presencia de todos.

Sin dudas, los backs de Jaguares supieron neutralizar las muchas amenazas de sus rivales. Laumape, Goosen, Jordie Barrett, Proctor, Lam… todos elite mundial de este deporte, fueron contenidos, con orden y sensatez en las formas. Eso hizo que TJ Perenara, sin su interlocutor habitual que es Beauden Barrett, tuviera menos repertorio, menos libertades y más exigencias.

En definitiva, hay que mirar, admirar y seguir. Sin dudas, la victoria de este equipo tiene que tener la alegría y felicidad merecidas, pero pide también, prudencia. Lo hemos dicho ya antes y lo repetimos: la mayor conquista del equipo será volver de la gira sin lesiones graves. Esta victoria no debe despertar encendidos sueños de playoffs, ni de campeones de nada. Hay que tomarla, aunque cueste, como algo que es natural que pueda pasar.

¿Es un triunfo importante? Muy. ¿Es un gran impulso anímico? Si.

Pero esto sigue, y falta. Falta bastante todavía, que recién estamos en mayo.