Primer paso dado y ahora, de a uno por vez

Por Eugenio Astesiano

Jaguares clasificó a playoffs dos fechas antes del final de la temporada regular. Punto. Eso debería ser motivo de enorme alegría, y lo es. Además, ya cosechó -faltan jugar ante Sharks y Sunwolves- más puntos que en las ediciones anteriores en la competición y por supuesto, más puntos que el año pasado, que fue cuando más había tenido.

Jaguares -Gonzalo Quesada y su Staff- creyeron en sus jugadores y dispusieron una cantidad poco acostumbrada de modificaciones partido tras partido en esta gira. Y no… no era novedad, porque dijo que lo haría en la última conferencia de prensa en Vélez antes de partir a Oceanía, un mes atrás. Lo que pasa es muchas veces, en lugar de escuchar al entrenador, los que preguntan tienen oído selectivo y así divulgan después…

¿Playoffs concretados? Correcto. ¿Gran gira? Si. ¿Funcionó la estrategia? Por supuesto. ¿Se cerró con un buen partido ante Reds? La respuesta es no.

Así y todo, con dudas y fallas en la conducción, con un equipo que entró en la propuesta enmarañada de Reds y que se complicó solo en la salida de campo rival, que devolvió la pelota con patadas poco certeras, que cayó en la trampa táctica de los de Queensland para complicarle el traslado y manejo a Ezcurra y Díaz Bonilla (se lo vio frustrado consigo mismo cada vez que el destino de la pelota no era el buscado) y, con esa espada de Damocles más la mucha presión del rival, con ese desorden importante, con esa falta de claridad, así y todo, se ganó con bonus. Lo que no tuvo en el juego, Jaguares lo tuvo en la calma y madurez para imponerse en un partido que no las traía todas consigo.

Atención: mucho se lo deben a Santiago Carreras que hizo dos jugadas individuales que fueron las llaves de apertura y cierre del partido. Dos tomas de decisiones y ejecuciones impecables para un jugador que el año pasado, a estas alturas del año, lucía la 15 con Los Pumitas en el Mundial de la categoría, en Francia.

Si algo había claro era que Reds no iba a ser un paseo por la rambla de Brisbane. Iba a ser un hueso duro de roer en el Suncorp porque sus últimos partidos, si bien los perdió, todos fueron por un margen bastante corto en un equipo que es joven, un tanto inexperto, que tiene por ende mucho futuro y que usa sus recursos limitados y los usa bien o de la mejor manera que puede. Siempre complica. Así, genera partidos muy ásperos. Ante Jaguares, Kerevi, Higginbotham, Tupou, Hegarty, Scott- Young y MacDermott, se las arreglaron con creces para complicar a más no poder a Jaguares que tuvo que recurrir a los pesos pesados de manera temprana en el segundo tiempo. Esa fue otra de las grandes decisiones y aciertos tácticos de Quesada.

Cuando ingresaron -temprano- Kremer, Matera, de la Fuente, Vivas, Montoya y Pieretto el equipo tuvo un renacer a pura potencia y esa marcha adicional fue vital para sentar posiciones. Nuevamente, un gran partido de Creevy desde el juego y el liderazgo y de Julián Montoya después. Parecen ser el complemento perfecto uno del otro y está claro que ambos entienden a la perfección sus roles.

Hay mucho en la columna del haber y casi nada en la del debe para Jaguares tras esta gira, que era bastante más complicada que la del año pasado. Ahora Sharks no es el partido a matar o morir. Es un partido más y Quesada tiene que analizar qué conviene: ponerle todo a los de Du Preez y rotar ante Sunwolves, o al revés.

Cuestión de esperar nomás. El primer paso ya se dio. Ahora es de a uno por vez.

Foto crédito: Jaguares/ Stephen Tremain

Se ve y se nota

Por Eugenio Astesiano

Nuevamente, Jaguares venció en Australia una vez más. Y una vez más, a Waratahs. Y una vez más también, con sufrimiento autoinflingido por espacio de quince largos minutos. Sin embargo, el aplomo, la claridad, la lucidez, la táctica aplicada y la estrategia general resultaron exitosas. Mérito del Staff, pero mucho de los jugadores. La experiencia en el Super Rugby empieza a curtirlos.

Las reacciones en Argentina sobre todo y en los países de Sanzaar también, no se han hecho esperar ni bien se confirmó que Jaguares, y tras su victoria, quedaba como líder -y en solitario- de la conferencia sudafricana con sólo tres fechas por delante. A Quesada y compañía le quedan Reds -allá- y después Sharks y Sunwolves, ambos en Vélez.

Típicas reacciones en Argentina pre y post partido, versión uno: «ahora que ganan y ganan, Jaguares son Los Pumas y claro, es un seleccionado, cómo no va a ganar. Las otras franquicias no son seleccionados..
La versión dos le mete una variante: «¡Los minutos de estos jugadores! Juegan un montón de minutos… van a llegar rotos, reventados, cansadísimos (al Mundial)…»
La versión tres es un poco más compleja, porque mezcla desidia, desconocimiento y busca generar confusión al hacer conclusiones tan erróneas como irrelevantes que los que las leen, subidos al pony de la ignorancia como los que las escriben, avalan y repiten: «Quesada mete un montón de cambios de un partido a otro, ¿tantos cambios? Es un signo de debilidad… el equipo se resiente en su estructura…»

Esto habla de todos.

Este 2019 es año de Mundial y basta revisar lo que ha pasado en años mundialistas, cuando el desarrollo del torneo es diferente al de otros años. Por eso, ojo con Reds y Sharks. La subestimación de estos partidos es un peligro latente. Contra Reds, Samu Kerevi es su carta de presentación, es el jugador en que basan su ataque y carta ganadora. Pero sobre todo, ojo contra Sharks, que es contra quien hay que concretar un triunfo que tiene que ser inapelable. La diferencia de puntos hoy entre el último de la Sudafricana -Stormers- y Jaguares es, con quince puntos en juego, de tan sólo 6. Con la paridad que hay, es la nada misma. Y con las ventajas que supone salir primero en la Conferencia, de más está decir lo que significa jugar contra un rival directo.

Cada partido de esta gira por Oceanía parece haber dejado enseñanzas aprendidas del partido inmediato anterior. Y todos fueron plataformas superadoras del que los precedió. Este de Waratahs dejó algo más: la paciencia en momentos álgidos en ataque y en defensa y los pocos penales por offside, que son ciertamente los más evitables de todos. Y un sólo penal en el primer tiempo, una vez más. El scrum no pasó sobresaltos, salió rápido por canal uno y a jugar afuera que es donde está la fortaleza de este equipo que sigue demostrando que también, jugar de pelota recuperada o contraatacar en transición defensa-ataque, es sumamente peligroso.

Por supuesto, contar con Tomás Cubelli y Ramiro Moyano en estado de gracia, también es un plus que hay que agradecerles. Pero atención, non ha habido jugador que no haya crecido en su rendimiento y en eso también, hay méritos de lo que le dan la confianza. Mea culpa en estas líneas para con Tito Díaz Bonilla. Le han dado esa confianza y ha respondido acorde y mucho más.

El debutante Lucio Sordoni no sólo cumplió en el rato que le tocó jugar, sino que además pescó la pelota de un partido que terminó con Waratahs a la búsqueda de dar vuelta la historia, que no había hecho demasiado por ello porque se tuvo que defender mucho -y lo hizo realmente bien- pero cuando encontró sus escasas oportunidades, fue a por ellas y obtuvo resultados. Eso y una nueva amarilla tienen que poner en alerta al equipo. Reds, el próximo rival, si bien cayó ante Chiefs, lo tuvo a maltraer en Hamilton y no se lo ganó de casualidad.

Jaguares tiene que ocuparse y no preocuparse. Tampoco, desenfocarse. Que se haya dado la lista preliminar para el Mundial y que inexplicablemente Gonzalo Quesada no vaya a ser de la partida en el Staff de Los Pumas, dejó atónitos y boquiabiertos a muchos. Pero como el entrenador tiene el apoyo de los jugadores y están todos encolumnados y convencidos de qué hay que hacer, eso es lo fundamental. Se ve. Y se nota.

 

Credito Ph. Jaguares

Ni casualidad, ni milagro, ni nada

Por Eugenio Astesiano

Viernes 11pm. Se hizo de noche de un día que empezó de noche como el partido y que de golpe, por obra y gracia de la paciencia, el orden y la convicción, se transformó en día. En uno brillante e inolvidable. En uno que marcará un hito y elevará la vara. Pero también en uno que no debe confundir ni a propios ni a extraños.

No fue casualidad ni milagro ni nada. Fue lo que fue. La victoria de Jaguares se dio en el contexto en el que el cómo y el cuándo se mezclaron en un blend perfecto.

La victoria de Jaguares se cimentó en la convicción llana y profunda de un equipo que sabe que no es menos que ninguno y que no es más que nadie. De un equipo riguroso en el contacto que cuando toma la iniciativa, consigue un quiebre y se mete en la defensa, es peligroso y, por eso, se anima a tomar riesgos que lo llevan a caminar por un filo que puede salir bien o mal, pero se anima.

No hay que dudar en decirlo: Jaguares le ganó a Hurricanes con autoridad. Jaguares le ganó a Hurricanes con aplomo, con sentido de la oportunidad, con presencia física y sin titubeos. Puso el lomo cuando había que ponerlo y supo usarlo cuando hubo que usarlo. El mismo lomo que levanta bolsas en el puerto es el que después se empilcha y sale a conquistar a la más linda. El mismo.

Pero atención, que nada es gratis. Hoy salió bien pero no siempre va a ser así. Hubo errores subsanados desde Dunedin, pero hubo otros.  ¿Si hubo errores? Si, varios. Lo que pasa es que pasaron de largo cuando la euforia de afuera se hizo carne, pero se logran ver cuando vuelven la calma y la mesura.

¿Penales? Muchos. Demasiados. Trece penales es casi el doble de los que hizo Hurricanes. ¿Tackles errados? Más del veinte por ciento. ¿Posesión? Cuarenta y tres por ciento. ¿Defensores vencidos? Dieciocho contra treinta y siete del local. ¿Quiebres? siete contra dieciséis.

Pero acá está uno de los factores claves: Jaguares hizo mucho -muchísimo- con lo justo y necesario. Fue eficiente como pocas veces. Ese es uno de los secretos de este equipo hoy. Con un liderazgo notorio de Gonzalo Quesada en la impronta, y de Jero de la Fuente adentro con la ayuda de los líderes, la calma y la intensidad justas bien balanceadas, entre todos han sabido interpretar la partitura, y suena bien.

En la lucha de los delanteros, hubo paridad. Se dieron de lo lindo y la defensa fue dura de ambos lados. Más de Jaguares, porque se tuvo que defender con fervor y a toda labor. La tarea de Creevy, Leguizamón, Lavanini, Petti, Matera y Ortega Desio fue de hierro en la contención de Aumua, Fifita, Savea, Kirifi y Toomaga Allen. Pero la gran diferencia, estuvo en los backs y es ahí donde la figura de Tomás Cubelli, Tito Díaz Bonilla, Jerónimo de la Fuente, Matías Moroni y Sebastián Cancelliere cobró relevancia y se hizo notar. En ataque ya se saben sus bondades, pero fue en defensa donde se hizo muy fuerte la presencia de todos.

Sin dudas, los backs de Jaguares supieron neutralizar las muchas amenazas de sus rivales. Laumape, Goosen, Jordie Barrett, Proctor, Lam… todos elite mundial de este deporte, fueron contenidos, con orden y sensatez en las formas. Eso hizo que TJ Perenara, sin su interlocutor habitual que es Beauden Barrett, tuviera menos repertorio, menos libertades y más exigencias.

En definitiva, hay que mirar, admirar y seguir. Sin dudas, la victoria de este equipo tiene que tener la alegría y felicidad merecidas, pero pide también, prudencia. Lo hemos dicho ya antes y lo repetimos: la mayor conquista del equipo será volver de la gira sin lesiones graves. Esta victoria no debe despertar encendidos sueños de playoffs, ni de campeones de nada. Hay que tomarla, aunque cueste, como algo que es natural que pueda pasar.

¿Es un triunfo importante? Muy. ¿Es un gran impulso anímico? Si.

Pero esto sigue, y falta. Falta bastante todavía, que recién estamos en mayo.

Diez minutos en la cornisa

Tuvo razón Quesada con su queja airada y al aire. El espíritu del rugby y la pasión por el juego valen. También vale no callarse la boca ante una injusticia. Ben O’Keefe tuvo muchos fallos que fueron sumamente tendenciosos, hay que decirlo y nadie mejor que el Head Coach para explicarlo como lo hizo. De más está decir, coincidimos.

Sin embargo, Jaguares puedo evitar que eso fallos incidieran. Fue muy permeable en defensa en el final del primer tiempo y varias fallas individuales en los tackles y errores de reposición defensiva permitieron tres tries, que no debieron haber sido ni pasado en esos diez minutos fatales. Y sobre eso también hay que hacer hincapié, porque Jaguares cometió un solo penal en esa primera etapa. Excelente en esa faceta, fue un equipo permeable, lento y muy fuera de sincronía en la segunda parte de esa etapa inicial. Y eso y no el arbitraje de O’Keefe fue lo que le costó el partido.

Tras el encuentro pasado mencionamos lo confortable que está Jaguares cuando tiene que ir de atrás y hay que hacer un esfuerzo extra o doble. Para Jaguares, esa es una condición de seguridad y así fue una vez más. Primero, el equipo de Quesada se plantó en cancha con una buena gestión y orden defensivo. Sus pelotas propias fueron bien gestionadas en el arranque de cada fase pero después, o bien la falta de paciencia o la ansiedad por ejecutar otro plan con los cajones o las patadas al medio de la cancha para devolverle la pelota a Highlanders, no parecieron la mejor opción. Tal vez si, en algún momento del inicio, sirvieron para probar zonas débiles del local con Tevita Li como target, porque no es un gran receptor, pero después, se hizo evidente que eso se convertiría en un paseo por una delgada y peligrosa cornisa.

Y caminar por la cornisa no siempre es buena idea contra equipos kiwis y menos, contra equipos que se desenvuelven con sobriedad en la lucha dura en el frente, como Highlanders.

Tackles errados significan tries en contra y esos tackles errados, en esos tries fáciles de Highlanders en diez minutos (desde el minuto 30 al 39) llegó la ráfaga de diecisiete puntos en contra. Una barbaridad de diferencia a favor del local por lo que había sido el desarrollo del partido hasta ahí.

Repetimos: un solo penal en contra en 40m para un equipo que suele cometer muchos, era una marca sensacional. Por eso, resulta al menos sorpresiva la permeabilidad en defensa, en ese lapsus de doce o trece minutos en los que el local, sin demasiado esfuerzo, se metió dentro de la defensa argentina con muchas facilidades y tomó la delantera .

Uno de los grandes generadores de esos desacoples y desajustes defensivos, fue la velocidad de Aaron Smith para pasar la pelota, para estar un segundo adelantado a todo y para lanzar bien plano a sus receptores -por un lado- y una buena primera etapa de Ioane, el apertura que hizo bien las cosas, que fue sobrio en la conducción y que hizo que la figura de Lima Sopoaga quedara muy lejos allá en el tiempo. En contrapartida, Highlanders hizo extremadamente lentas muchas pelotas de Jaguares y complicó el trabajo de Ezcurra y Díaz Bonilla, que se entienden de memoria y que aún bajo esa condición de presión extrema de sus rivales, se las arreglaron bien para no perder el comando del equipo.

La otra cara de Jaguares fue ese segundo tiempo. Muy vertical (más vertical, en realidad), más potente, más determinado a meterse dentro de la defensa rival, con un juego directo, sacó más réditos y fue ese equipo que en ataque es peligroso, con dos baluartes como Kremer y Moyano, que cada uno a lo suyo, son jugadores con enorme influencia en el equipo.

Llegamos así, con un try de cada uno de ellos, bien generados ambos, a los últimos veinte minutos que hizo referencia Quesada y que vimos todos. ¿Cómo puede ser que un equipo que había cometido sólo un penal en los 40 iniciales, en la segunda etapa haya hecho diez y siete de ellos, en esos últimos veinte? Rarísimo.

No tiene caso profundizar en eso, porque ya pasó. Lo que se puede cambiar y deberá hacerse es esa permeabilidad que fue evidente en la primera línea defensiva. Fallar nuevamente ahí contra Hurricanes puede ser aún más perjudicial.

No hay mención a los nueve cambios desde el arranque, al debut de Lucas Paulos y a que hubo en el pack inicial tres jugadores de Los Pumitas del 2017. Lo hacemos ahora. Hemos naturalizado esta situación y eso es una buena, gran noticia.

Lamentablemente, Jaguares se vio obligado a correr de atrás en un partido en el que no debió hacerlo y lo hizo por fallas propias. Y ayer también, tuvo que remar otras situaciones. A resolver entonces, las que se pueden resolver.

Cómodos en la incomodidad

El problema con las victorias es que así como ayudan a encarar la semana siguiente con otro ímpetu, también suelen cubrir algunas deficiencias que por ahí pasan un tanto desapercibidas. Jaguares dejó en ese punto bonus del final -que debió venir y no lo hizo- un punto muy importante y seguramente ahí se resuma buena parte del partido que, en definitiva, fue victoria sobre Stormers.

Por Eugenio Astesiano

Para los ojos atentos de Quesada, Bordoy y Fernández Miranda, ese punto bonus que no se obtuvo no sólo dejó a Jaguares sin la punta de la Conferencia Sudafricana, sino que además puso de manifiesto todas las penurias que trajo aparejadas la falta de una obtención clara -en primer lugar- y de calidad -en segundo término-. Si a eso se le suman los penales cometidos y a los errores no forzados, resulta que una cosa es la victoria en sí y la otra, el cómo.

Jaguares no debió sufrir como lo hizo. No debió depender de ese line robado por Petti a 5 metros del ingoal argentino en el minuto 82 para festejar. Jaguares debió haber sentenciado el partido con el try penal y la amarilla a JJ Egelbrecht en el minuto 71, cuando se pusieron 31-18. Ahí, debieron empezar a manejar el partido con otra «sensibilidad», con más «cabeza» que con toma de riesgos.

Hoy, por momentos, pareció el partido ideal para que Miotti aprovechara las salidas desparejas en la marca de Stormers cuando el juego iba, sobre todo, de izquierda a derecha, pero el tucumano eligió pasarla a tomar riesgos. En algunos movimientos, pareció que ese «hueco» era el lugar a explotar. No se lo puede culpar, porque su pie fue fundamental para mantener a raya las aspiraciones sudafricanas. Sí, se le puede empezar a exigir que se suelte un poco más, que corra ese riesgo con pelota en dos manos y que se convierta en amenaza para las defensas rivales.

Sin embargo y más allá de esa situación sumamente puntual que elegimos poner de manifiesto para mostrar que Jaguares hoy estuvo más conservador cuando, de ser el dominador paso a ser el dominado tras ese auspicioso inicio del partido. Jaguares parece sentirse cómodo en la incomodidad de los partidos. Cuando la espada de Damocles baila sobre el cuello de la franquicia argentina, aparece ese ángel aparte que hace que el equipo salga airoso de situaciones complejas, como en la que se puso hoy en esos últimos tres minutos.

A excepción del try penal que otorgó Stormers -clarísimo- los dos primeros tries de Jaguares fueron muy bien armados, con Boffelli como participante estelar y asistidor. Matera primero y cuando no, Moyano, fueron los autores de las conquistas argentinas.  Después, lo que se vio distó de ser un derroche de prodigio de parte de los dos equipos. Ninguno hizo méritos suficientes para ser el claro mandamás. Hubo vaivenes y errores en ambos. Y entre los 30 jugadores, el más despierto, más metido, más inteligente, fue Tomás Cubelli, una vez más. El medioscrum argentino hizo su tarea con enorme prestancia, con una lectura buenísima de las situaciones, qué hacer y cuándo hacerlo, por dónde ir y con quién.

No le sobró nada a Jaguares cuando pudo haberse ido más tranquilo y relajado a Oceanía. El try de Senatla (cuando Stormers estaba con 14 y cuando además, el mundo entero intuía que esa pelota desde el scrum iba a ir por el ciego) metió una cuña de incertidumbre. ¿Por qué? porque los penales cometidos, la zurda de du Plessis primero y la diestra de Willemse después mantuvieron siempre a Stormers en partido. Ojalá eso y lo que le pasó a Crusaders ante Sharks deben ser lecciones aprendidas.

El Tour por Oceanía va a requerir de jugadores frescos -al menos- ante Highlanders y de jugadores enteros en todo sentido (físico y mental) para el resto de los compromisos ante Hurricanes, Waratahs y Reds, que son de una intensidad y peligros latentes muy fuertes. Por supuesto, es un tour que se inicia con una sonrisa tras los cuatro partidos seguidos con victorias. Lo que hay que evitar es que esa sonrisa cambie, porque perder no es el problem como tampoco lo es ganar. El verdadero problema es el «cómo» de ambas cosas.

Gardel, Lepera y todos los guitarristas

Es curioso cómo el argentino, el seguidor del rugby, acomoda su discurso de acuerdo a si Jaguares gana o pierde. Es enorme su alabanza si juegan como jugaron ante Sharks, como alta fue la pira para quemarlos a todos después de Stormers. Esa horda que se pseudofanatiza con el Super Rugby, con el exitismo como bandera, debe haber festejado hasta el cansancio y ya pide título. No hay menos.

Cuando pierden, a Jaguares y Gonzalo Quesada los pasan por el tamiz. Unos son Los Pumas a los que les gana cualquiera y el Head Coach no sabe de rugby porque viene de Europa y esto es otra cosa. Cuando ganan, Jaguares sí son Los Pumas y ahora van por el Rugby Championship y no los para nadie y Quesada es Gardel, Lepera y todos los guitarristas.

La mesura, en Argentina, es una rara avis.

Jaguares tuvo, ante los Sharks del bocazas Robert Du Preez Sr., una actuación superlativa, de las mejores sino la mejor de todos los partidos jugados en el Super Rugby hasta ahora. Con algunos altibajos y desconcentraciones promediando la primera parte, pero todo el resto fue sólido, concreto, demoledor. Fue un statement defensivo y una lección de oportunidad ofensiva.

En ataque, el equipo fue primero, oportuno y después letal. La defensa, que durante otros partidos había mostrado imágenes sinusoidales, ante Sharks otorgó una imagen pura, prístina y clara. Lo que anteriormente apareció por lapsos, en Durban fue homogéneo, consistente, durante los ochenta minutos.

A Sharks, ya se sabe, hay que confrontarlo. Si se los deja hacer, pueden causar mucho daño porque entre todos sus grandotes y su hábil fullback son capaces, después de percutir hasta romper, anotar. Con los delanteros y con los backs, los de Natal saben cómo imponerse a fuerza de ir e ir.

Jaguares, para desactivar esa táctica, debía tener la pelota y atacarlos. Hacer que su defensa se junte y después, rápido afuera a buscar por los costados. Eso, con la bocha. Sin ella, era irle muy fuerte arriba, meterle presión al Du Preez que juega como apertura y que no haya pases a Esterhuizen ni a Am, para que no le llegara firme a Mapimpi y menos que menos, a Bosch.

Y otra cosa que Jaguares debía modificar sí o si, era meterse en el berenjenal de los primeros veinte minutos de desconcierto, descontrol y penales evitables que había tenido, consistentemente hasta acá, casi siempre.

No sólo no los tuvo, sino que le estableció un parámetro a Sharks: te voy a atacar y lo voy a hacer haciéndote correr y te voy a acatar también con la defensa. El try de Cubelli primero y el de Matera después fueron bien distintos, pero producto de esos parámetros. En el try de Cubo, hay que observar la carrera magistral como apoyo por detrás de la defensa de Sharks. Ya era la figura de la cancha en ese momento y siguió en esa tesitura. La patriada de Matera fue a lo Matera. Siempre es a lo Matera.

Hubo, en medio de esos dos tries, ya lo dijimos, una filtración de Curwin Bosch que terminó en try para los locales (luego, con el partido resuelto, haría lo mismo para el segundo try de Sharks en la segunda parte). Ese aviso fue el iniciador de unos minutos (veintidós, exactamente) de inestabilidad en Jaguares. Dudas, fallas de manejo y vértigo innecesario generaron inconvenientes. Pero después del tercer try, el primero de Orlando, se despejó la niebla, se pusieron las cosas en su lugar y a partir de allí, todo fue para el equipo de Quesada.

Si el primer tiempo tuvo algunos desajustes, el segundo fue muy compacto, preciso, muy bien jugado, con enormes actuaciones. Kremer, Matera y Lezana fueron imposibles de controlar. Petti lideró. Creevy, cuando ingresó, hizo lo suyo con su maestría habitual. Miotti no se complicó, de la Fuente y Orlando fueron ese bloque central que todos esperamos que sea siempre y Moroni con su amor propio incansable y Boffelli con su talento reaparecido le dieron justeza a la ofensiva, impermeabilidad a la defensa y justicia al resultado.

Magistralmente manejado por Cubelli, el equipo se lució como nunca antes porque lo hizo con una idea cabal y concisa de lo que tenía que hacer, cuando lo tenía que hacer y como lo tenía que hacer. Fue respetuoso de lo programado y ahí se basó la clave: no hubo penales absurdos, no hubo desatenciones ni nada que se le parezca. Jugó imponiendo su ritmo, sin complicarse.

Jaguares ganó con autoridad. Con esa autoridad que dan los equipos convencidos de su plan de juego en la cancha.

Fue un paso importante, pero es sólo un paso más. Y lo que no hay que perder, como en un desfile es, justamente, el paso.

El Everest, en ojotas y marcha atrás

Por Eugenio Astesiano

Una pila de nervios e imprecisiones. Cuantiosos errores no forzados. Penales innecesarios. Caras de desconcierto. La lucha permanente de Jaguares contra sí mismos, el sentirse observados y evaluados como si cada partido marcase el rumbo de sus vidas. Demasiada presión, al cabo, sin razón.

Y todo tiene que ver con la comunicación. Permítasenos ser contrafácticos en este punto antes de seguir.

Si Gonzalo Quesada este año, Mario Ledesma el año pasado y Raúl Pérez en las dos primeras temporadas, se hubiesen sentado delante de los micrófonos y hubiesen comunicado algo así como «Jaguares no viene a ganar el Super Rugby. Jaguares tiene la base de Los Pumas pero posiblemente nos permitamos cambiarla, modificarla, poner otros jugadores, seguramente nos vayamos a equivocar pero no será a propósito y sí con un propósito. Tenemos mucho para ganar si podemos probar jugadores y ver cómo rinden. Seguramente perdamos más de lo que vayamos a ganar pero el objetivo es otro. Tenemos una sola franquicia y queremos aprovechar esto para otra cosa y no para salir campeones». Solo tal vez, la cosa hubiera sido -no hay dudas- diferente.

No fue así, claramente. Entonces, ese blindaje que pudo haber sido atendible, perfectamente posible, falló. Y el equipo fue juzgado como experto entonces, y ahora. Y seamos francos, lejos está de serlo. Le falta. Por eso, y no es la primera vez, este equipo se pone y se ha puesto solo en innumerable cantidad de situaciones peligrosas por ansiedad, por hiperactividad desprolija en lugar de actividad prolija o por querer hacer más de lo que las situaciones demandan. O tomar riesgos innecesarios. O querer meter el segundo tackle antes que el primero o querer hacer bonus ofensivo antes de meter el primer try.

Una ansiedad tremenda por conformar a todos en lugar de a sí mismos. Ese también es un error no forzado.

Jaguares se encierra y se ha encerrado así en su propio laberinto de manera permanente en casi todos y en buena parte de sus partidos esta temporada. No siempre ha salido airoso de esa situación. Hoy le ganó a Bulls, pero no es eso lo que debe primar. Es un aliciente, un alivio y una muestra de buen estado físico, de aprovechamiento de los quiebres y de los errores del rival en momentos críticos, cruciales. Por supuesto que sirve, pero este triunfo no es lo principal ni primordial.

Hoy y muchas veces esta campaña, Jaguares se ha encajonado en sus propios últimos cinco metros, ha defendido a destajo aunque aplicadamente, pero no pudo replicar eso en otro sector de la cancha, mucho más adelante y con menos riesgo y peligro.

Hoy y muchas veces esta campaña, ha cometido infinidad de penales innecesarios en campo propio y se ha puesto, como citábamos arriba, con el tujes contra su propio ingoal.

Jaguares tiene que hacer una introspección del porqué llega a ponerse en situaciones indeseadas por errores no forzados o penales innecesarios o de lectura y resolución de situaciones de juego que lejos de colaborar, complican. ¿De esta victoria heroica -tan heroica como la defensa del ingoal propio a cara de perro mucho tiempo- se pueden sacar conclusiones positivas? Si. Pero hay conclusiones negativas por poner en blanco y negro.

Lo molesto de esta victoria heroica es que pudo haber sido una victoria lógica, más o menos trabajada, prolija, pero lógica al fin de cuentas.

¿Por qué no fue lógica ni más o menos trabajada?

Porque Bulls le ganó en el contacto, en la lucha física, en la rudeza y fue muy prolijo, vehemente e inteligente para llevar la línea de tackle mucho más allá de la de ventaja. Eso le complicó de manera gigante la tarde a Rete González Iglesias que siempre tuvo delante (y casi estuvo rodeado) de una muralla roja y azul. No pudo nunca jugar ni cómodo, ni bien, ni suelto. Fue presa del rival y le costó una barbaridad lograr salir del asedio. Del Bulls, y del suyo propio.

Lizo Gqoboka y Burger Odendaal fueron los puntales del local. El gran trabajo de ambos sobresalió en un equipo que complicó mucho a Jaguares. La rusticidad del planteo del equipo de Pretoria no quita lo meritorio de haber conseguido empujar a los empellones a Jaguares durante setenta minutos, aunque sí hay que decir que la misma pericia para atosigar no la tuvieron para anotar. Jugaron mucho tiempo en 22m rivales y no encontraron la solución para derrumbarle la pared a Jaguares que como ya dijimos más arriba, está peligrosamente cómodo cuando defiende a metros de su ingoal.

Todo fue así y se puede explicar de esta forma, hasta el ingreso de Domingo Miotti.

El debut del apertura tucumano en Jaguares no pudo haber sido mejor. Minuto 71. Line a favor en campo de Bulls, jugada de varias fases y el tucumano, en su primera intervención, apoya su también primer try. Inmediatamente, acierta su primera conversión y Jaguares queda tres puntos abajo con siete minutos por jugar.

Acto seguido, ataca Bulls (que ya juega con dos menos por sendas amarillas inoportunas), pierde la pelota, contraataque preciso, directo y de mucha calidad de los backs argentinos y esa jugada culmina con Miotti -otra vez- en el ingoal. No se acierta esa conversión y si bien se revierte el score (22-20) Bulls queda a tiro de penal para ganar. Por suerte, otro knock on los priva de la posesión de la pelota con tiempo cumplido y Jaguares, tras ganar su scrum, gana también el partido.

Por supuesto que Miotti ha sido el héroe de la película. Alto, rubio y ojos celestes, rescató a la chica de las garras del ogro y volvió a casa con ella y los puntos de la victoria. Pero esta saga, sigue. Y somos expertos en endiosar al salvador. Somos paternalistas y exitistas. Pero esto ha sido algo único, épico y que seguramente no tenga correlación ninguna con lo que ha de venir. Se subió el Everest en ojotas y marcha atrás en la nieve, pero eso pasa una vez en mil años. No hay que llevar a Miotti al Olimpo. Hay que dejar que llegue solo. Él y todos los que esperan su oportunidad para demostrar que están a la altura.

Para destacar, el partido de Pablo Matera y de Tomás Cubelli. También, una acción crucial de Emiliano Boffelli en defensa y dos magistrales en ataque lo ubican entre ellos.

Lo que tiene que venir en Jaguares esta semana es recapacitar, analizar lo que pasó, darse manija para revertir los arranques esquivos y nerviosos y persistir en todo lo bueno hecho hasta acá, que no ha sido tanto, pero ha sido firme y fundamental.

Y si se pierde contra Sharks, no pasará nada, si es que se da en otro contexto de juego. En uno, que sea distinto al de hoy.

El de hoy, por favor, no más.

Un manojo de oportunidades desperdiciadas

Hay cosas difíciles en el rugby y una de ellas, es revertir un resultado en el Super Rugby y sobre todo, ante equipos kiwis. Jaguares lo consiguió. No logró cerrar el partido (síndrome 2016) pero lo revirtió. Lo que pasó es que antes de revertirlo, primero padeció y desperdició muchas oportunidades. El resultado fue un calco del 2016. El desarrollo, también.

Por Eugenio Astesiano

En el primer tiempo Jaguares tuvo buenos primeros diez minutos y luego, puso todo a pedir de boca de Chiefs. El equipo argentino, con poca convicción en sus fortalezas, en sus puntos altos, cedió la iniciativa, la pelota, el territorio, otorgó penales y dejó de hacer las cosas que le solíamos ver con tanta prestancia.

Jaguares, en ese primer tiempo, lució abatido, entregado, falto de confianza. El equipo fue su propio enemigo. La impericia para resolver situaciones defensivas u ofensivas, el poco impacto a la hora de generar peligro, la defensa otra vez tan cerca del propio ingoal… Todas cosas que Jaguares sabe perfectamente que no tiene que hacer, las hizo.

Al inicio mismo del segundo tiempo, el equipo logró en un santiamén y casi inmediatamente, además de cambiar la parte mental, agregarle intensidad y fundamentalmente, convicción a la faz ofensiva. Revirtió su imagen 180°.

Desconocemos que fibras íntimas habrá que tocar en un equipo para que reaccione como reacccionó Jaguares en la segunda etapa, pero reaccionó. Y ahí hay un punto crítico: ¿será el mundial los que los tiene contenidos? ¿Qué puede ser? Un ex Puma que sabe de Super Rugby pero que además tiene intereses en el equipo, comentó «¿será que el entrenador los tiene atados a que no se salgan del sistema?«. Gonzalo Quesada lo respondió solo en la Conferencia de Prensa: «Le pedimos a los jugadores que no estén atados, que se suelten, que confíen en sí mismos, que tomen las oportunidades y las aprovechen». Eso se vio. Faltó justeza en algunas cosas -pases, comunicación- pero lo raro en Jaguares sería que no falte.

Ni idea sobre cómo puede operar la cabeza de los jugadores, pero este equipo, cuando está contenido, cuando está apagado, cuando está tibio, es claramente una cosa muy similar a lo que vimos ayer en el primer tiempo. Cuando están desinhibidos por la circunstancias o apremiado por ellas, cuando no hay más que hacer que quemar las naves, es otra cosa muy diferente. El equipo tiene ritmo, es vertical, punzante y ejecutor. Es un equipo peligroso.

Jaguares está preso de la plena convicción de aferrarse a algo rígido y persistir en ello aunque así no venga el partido y en los errores en la toma de decisión no de los conductores, sino de los portadores de la pelota en momentos críticos. Eso de no tomar riesgos a este nivel, no es viable. Hay que tomarlos. Mejor equivocarse y pedir disculpas que dejar pasar oportunidades y lamentarse después.

Entonces: si el rugby está, si la actitud está, si la convicción aparece, si todos saben lo que hay que hacer… ¿por qué hay altibajos como estos, incomprensibles?

La gira por Sudáfrica, los nuevos jugadores sumados, las oportunidades para varios y las ganas de otros, harán que veamos otra cara más de esta franquicia. Y si esta cara ilumina la esperanza, entonces, habrá que seguir por ahí.

La performance deja un profundo disgusto generalizado

Seguramente ese sea el sentimiento que Gonzalo Quesada, su staff y jugadores tengan tras la pobre actuación de Jaguares en Ciudad del Cabo, en una derrota que podía ocurrir, pero no de la manera en que ocurrió. Eso, claramente, no era lo que estaba en los planes.

Por Eugenio Astesiano

¿Cuál puede ser una explicación a lo que pasó?

Uno de los aspectos centrales del partido pasó por el contacto y la agresividad. En eso, la distancia en el marcador se ajusta a derecho. El pack de Jaguares fue superado y por momentos, de manera amplia, por su contraparte y ni que hablar, los backs. Si algunos de los delanteros opusieron una férrea resistencia e intentaron torcerle el rumbo al partido -que había comenzado muy bien para los argentinos- esos fueron Montoya, Vivas, Medrano y Petti. El resto no pudo, no supo o no encontró la forma de frenar a sus rivales.

Entre los backs, Tomás Cubelli fue el único que se hizo carne de lo que pasaba cuando las cosas estaban bien y cuando estaban mal. El resto, fue superado ampliamente.

Volvamos a esos primeros diez minutos esperanzadores, en los que Jaguares estuvo con férreo control de las acciones, sin cometer penales y con dinámica. Eso, más el try de Delguy, consolidó lo que eran expectativas para llevarlas a la realidad.

Y hasta ahí, podemos sumar algunos minutos más en el inicio del segundo tiempo… todo lo demás se jugó donde, cómo y de la forma que quiso Stormers, con Siya Kolisi como estandarte y PS du Toit, Etzebeth y Shickerling como laderos.

En la previa anticipábamos que el pack que dominara al otro en el piso y en el contacto, se llevaba el partido. Así fue. En la primera parte de la pulseada, fue el de Jaguares el que comandó pero, en todo el resto, el local fue superior, más de lo que se deseaba y estaba previsto.

En las formaciones fijas, lo que iba a pasar, pasó una vez más: un line out parejo para ambos y un scrum fuerte para Stormers y muy irregular para Jaguares que, es obvio y redundante mencionarlo, cuando lo jugó como se debe para esta competencia y con el personal adecuado que tiene -rápido por canal 1- funcionó. Cuando se pretendió hacer otra cosa, simplemente no.

Pasado el primer cimbronazo para los locales, en sus primeros embates en veintidós metros de Jaguares y con su primer try en el haber, desde ahí, todo les fue relativamente sencillo. Sin estridencias, sin lujos, sin altisonancia pero de manera muy frontal y agresiva, todas las pelotas que tocaron primero Du Plessis y luego Willemse fueron propiciatorias de generación de peligro. La tarea fue simple: que los dos defensores más endebles de Jaguares (que luego con la salida de Delguy fueron tres) estuvieran muy preocupados en tacklear mucho y sentirse en apuros siempre. Así, Díaz Bonilla, Ezcurra y Cancelliere se las vieron negras para hacer pie en una faceta del juego en la que se sabía de antemano, les cuesta bastante.

Por más que Moroni y Cubelli se desdoblaron, por más que Tuculet estuvo siempre atento pero revolando los ojos porque las amenazas llegaban por todos lados, ese hándicap defensivo ocupó la cabeza de unos y otros. De los que atacaban y de los que defendían.

En contrapartida a Du Plessis y Willemse, que manejaron con relativa calma y justeza las pelotas de baja y media calidad que les proporcionó Jantjies (un 9 flojo para Stormers), al revés, Díaz Bonilla jamás pudo aprovechar las pelotas de calidad media o alta que le dio Cubelli. Al ceder metros e iniciativa ante la presión de una tercera línea implacable y de un tándem 10-12-13 muy poderoso en defensa, el apertura de Jaguares lució dominado, controlado, incómodo, acuciado y fastidioso, sin saber cómo salir del atolladero impuesto por el rival, aún a pesar de contar con -insistimos- pelotas de calidad (tampoco tantas) que los delanteros y el 9 argentinos le pudieron dar. Y atención, que así y todo, con su apertura en un nivel muy discreto, jugando muy atrás, prácticamente parado, con sus backs planos, Jaguares pudo vulnerar la defensa de Stormers en varias ocasiones. Y algo más: la seguridad que da Delguy en ataque, Cancelliere no la puede ofrecer. Su salida prematura repercutió, inevitablemente, en el andamiaje del equipo.

Aún con este panorama, la diferencia del primer tiempo (8 puntos) invitaba a creer, porque había con qué. Esa diferencia, establecida merced a la gran puntería de SP Marais, era escasa y alentadora. Había en el ambiente, para Jaguares, sensación de partido sin dominio, pero bajo control.

Y hubo diez minutos del segundo tiempo -los primeros- en los que pareció que los engranajes que mueven a un equipo se ponían finalmente, en funcionamiento. Ahí se recuperaron la iniciativa y el ímpetu. Sin demasiado esfuerzo se situaron en campo de Stormers y hubo una jugada de try en la que Medrano no logró retener la pelota al apoyar. Lo que pareció que ponía a Jaguares otra vez en carrera, fue el principio del fin. Esa jugada devino en knock on, scrum en contra, de allí un penal, a jugar a campo propio y tras varias situaciones, llegó el try de Kolisi (el MOTM).

Lo que debió haber sido 16 – 13 pasó a ser 23-8 y desde ahí, el derrumbe físico y mental de Jaguares fue aumentando conforme pasaron los minutos. Los últimos treinta fueron la muestra de todo lo que uno no quiere ni desea ver de este equipo. Como era previsible, ni los cambios ni los riesgos tomados fueron propicios. El descontrol fue in crescendo, el sometimiento en el contacto también y Stormers aprovechó eso para sacar un punto bonus merecido.

Durante cincuenta minutos, cada uno de los equipos aportó al juego todo lo malo y todo lo bueno que habían mostrado en fechas anteriores. En los últimos treinta, Stormers mejoró sustancialmente su parte deficitaria a la vez que Jaguares aumentó sus errores y dejó de hacer lo bueno que le habíamos visto. Eso le puso el cierre a un partido que, para Quesada y en términos de nombres, le va a hacer mover sus opciones, sus ideas y sus andamiaje. Probar, ya pudo probar algunas cosas.

Acaso sea momento de probar otras.

 

La victoria fue probar

Hay algo cantado en el rugby de elite del hemisferio sur, llamese Super Rugby o Rugby Championship: una desatención en el tackle o en la marca, un desarreglo defensivo u ofensivo, una pelota perdida o regalada, se transforman las más de las veces, en puntos en contra. Y mucho de lo sucedido en el partido entre Lions y Jaguares en Johannesburgo vino de estas cuestiones, en ambos lados.

Por Eugenio Astesiano

En un duelo de equipos inexpertos, abarrotados de jugadores en sus primeras armas como titulares o con sus primeros minutos de la temporada, fue Lions fue el que sacó ventajas más rápido, se hizo fuerte y dominó. Después, cuando el partido estuvo ya casi sentenciado, fue Jaguares el que se destapó y le hizo pagar al local sus errores y por poco no se lo quita.

Pero eso es problema de Swys de Bruin. Nos atañe lo que le pasó a Jaguares y siempre, desde que Gonzalo Quesada anunció la formación, los que solemos cubrir los entrenamientos de la franquicia argentina pudimos advertir ciertas debilidades estructurales, pero en la balanza, probar jugadores, darles minutos, ver sus rendimientos en el rugby de alto nivel bajo presión, poder tener un parámetro, un baremo de su situación en el campo y de su comportamiento general en la cancha, era -es y sigue siendo- prioritario y esto excede al año mundialista: lo que hizo Quesada debió y pudo hacerse mucho antes. Pero se hizo ahora. Enhorabuena.

El partido tuvo un protagonista mayoritario que se soltó y manejó los hilos a su antojo, algo que suele pasar cuando juega sin presión del contrario: Elton Jantjies hizo, deshizo, construyó, lanzó y pateó como si estuviese en el patio de su casa, donde efectivamente estaba.

El 10 de Lions jugó los primeros 60 minutos del partido libremente, a su antojo, lejos de la presión que recibió en Buenos Aires, donde Jaguares lo atosigó. Nada de eso ocurrió en el ex Ellis Park (siempre lo será) y Jaguares pagó eso con puntos. Nuevamente, con una catarata de penales en contra en los primeros diez minutos, el equipo se puso solo en situación de extrema defensa y si bien salió algo airoso porque todo lo que perdió en el piso lo ganó en las alturas, la vulnerabilidad se hizo muy evidente y Lions la identificó bien: un equipo con Landajo – Díaz Bonilla y Ezcurra como eje 9-10-12 es bastante probable que sea vulnerable defensivamente en ese sector de la cancha. Jaguares entró «seteado» para atacar y en cambio, se tuvo que defender muy fuerte. Fue como entrar con un Fórmula 1 a correr un Rally. Igualmente, no se los puede responsabilizar a ellos tres solamente, fue Jaguares como equipo el que no defendió con la misma firmeza que ante Bulls y Blues.

En Buenos Aires, cuando se enfrentaron en la primera fecha, Díaz Bonilla y Jantjies fueron debidamente refugiados en lugares menos asequibles para sus defensores. Ayer, Jantjies no lo necesitó y en el equipo argentino, los tres mencionados quedaron un tanto expuestos. El principal responsable de abrir la brecha fue Wandisile Simelane, dominador absoluto en el medio de la cancha. Entre el 10 y el 13 de Lions manejaron la profundidad y ejecutaron su táctica a discreción.

Los delanteros locales también dominaron. El scrum y el piso no fueron un monopolio, pero sí, patrimonio de Lions, con un pack sólido y Marx y Schoeman desatados. Sobre el scrum, sobra decir que hay que sacarla rápido. ¿Cuánto? Mucho. Con pelota propia, no hay que desgañitarse para empujar, hay que sacarla y a jugar. En el line, la cosa fue muchísimo más pareja, y hasta a favor de Jaguares.

Cuando parecía que finalmente el equipo empezaba a encontrarse, en un ataque franco, Cancelliere hizo algo que no debió hacer: tiró un pase 50-50 que no lo demandaba la situación. Pelota recuperada de Lions y try en contra.

Así y todo, con un panorama que dentro de la cancha era poco alentador, Jaguares estuvo en partido. Un gran try de Moyano -reemplazó a Boffelli, que se lesionó y fue otra vez fundamental- vía kick de Díaz Bonilla y otro desde un Line y su posterior maul (la gran garantía y sello de este equipo en 2019) con Montoya a la cabeza le dieron dos tries a los argentinos. Había esperanzas.

El inicio del segundo parcial fue -cómo negarlo- muy desalentador y las esperanzas, a decir verdad, parecieron sepultadas. Tres conquistas de Lions en menos de diez minutos y la falta de reacción fueron el presagio de una prueba que no tenía visos de terminar de manera feliz. Como poner un Fórmula 1 en el Dakar.

En los últimos veinte minutos, las ganas, la confianza, el «perdido por perdido» tocaron a la puerta. Lo cierto es que los cambios generaron un impulso positivo. La necesidad de salir a atacar a Lions -que era lo previsto evidentemente, lo que había que hacer-  era lo que mandaba la estrategia (en la previa) porque Lions era y es un equipo vulnerable. Y vinieron entonces los tries de Jaguares. Cuatro. Seis en total. Jaguares, cuando ataca con control de pelota, es peligroso y tiene recursos sobrados para lastimar.

Si la compostura se hubiese adueñado un poco antes, si la calma, el control de la defensa se hubiese solidificado con tackles firmes, si en vez de precipitación hubiese habido precisión en el arranque de ese segundo tiempo, otra hubiese sido la historia. Montoya, Moyano y Moroni (3M) fueron los que levantaron la mano, los que soportaron estoicos la tempestad en la cubierta y lideraron la remontada.

De todas formas, como corolario, queda la tranquilidad de que Quesada se animó a probar. Olvidemos el resultado y pongamos el foco en lo importante y no en lo urgente. Quiso comprobar fehaciente y empíricamente algunas cuestiones y lo hizo. Seguramente sus conclusiones sirvan para ajustar cosas de cara al futuro mediato y eso, sin probar, es imposible saberlo. Ahí fue donde ganó Jaguares. Esa fue su victoria.